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OPINIÓN - SÁBADO, 23 DE DICIEMBRE DE 2006

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Me dice una señora que, con lo que estoy contando sobre las navidades, les trae recuerdos imborrables de esa época donde ella también era muy muy jovencita y que, pota tanto, me quiere agradecer lo feliz que estoy haciendo transportandola a aquella época en la que se era más solidario que lo que se es ahora. Al mismo tiempo me recuerda, el gran amor que siento por mi Callejón del Lobo, ese pedazo de calle, donde estos peazos de ojos que no se pueden aguantá vieron las primeras luces del día.

Me alegro, señora, de haberle traido recuerdos imborrables de su juventud, con estas cosas que sobre las navidades de mi niñez estoy contando, en estos días de Navidad, donde he prometido ser bueno y dejar tranquilo a los políticos u lo que sean, que tampoco estoy dispuesto a exagerar en el tratamiento de aglunos de ellos, que se parecen a los políticos de verdad,, como un huevo a una castaña. Bueno, mejor dejamos esto, de momento, ya que no me gusta incumplir una promesa pero es que, en cuanto me tocan el tema y viendo el patio como está, me lanzo y empiezo a decir cosas sobre el asunto, que hacen que, más de uno, se me cojan un cabreo e aquí te quiero ver. Volvemos por la senda de la Navidad y, en estan tan señalada fiesta, no le amarguemos a nadie un polvorín.

Y en cuanto al gran amor que siento por mi Callejón del Lobo, donde mi madre me trajo al mundo un domingo de Ramos a las seis y media de la tarde, es algo que tiene comparación. Allí en esa calle que tiene forma de T he pasado los años más felices de mi vida y, no sólo eso, sino que encontré a quien más feliz me ha hecho durante toda una vida. Allí está escrito el inicio de mi historia, mis vivencias, mis paisajes y mis paisanajes, mis amigos de siempre y toda aquella gente mayor que conocí y de la que tanto aprendí.

Recuerdo, con especial cariño a mi familia Artacho, con la que durante tantos años compartí mi vida, cuando las puertas no eran blindadas y se abrían con sólo tirar de una cuerda porque, los Artachos, no eran mis vecinos de patio, eran mi familia y siempre los llevaré en lo más profundo de mi corazón. Del mismo modo que me viene a la memoria, Roque Guerrero del Peñón y toda su familia, su esposa Anita induida, cuando en el patio de las gaseosas ayudabamos a pelar las almendras de aquellos polvorones que por la navidad hacía Roque y donde Anita nos vigilaba para evitar que nos comieramos las almendras. Era una vigilancia de “mentirijillas”. Pues ella era el primera que nos abastecía de polvorones. Recuerdo a los Benítez, Sánchez, los Bernaolas y cómo podría olvidar a Nicasio y a su familia, propietario del Bar El Cantábrico y nuestras partidas de billar donde, por cierto Nicasio hijo, siempre nos prueba.

Los recuerdos de mi adorado Callejón del Lobo, se agolpan en mi mente y me hacen imposible describirlos todos, fueron tantos y tan felices que me están llenando de emoción.

Era esa época, donde los niños teníamos que inventarnos nuestros propios juegos y para jugar al fútbol, la mejor pelota era una medida llena de papeles con su culo de pollo incluido que hasta la hacíamos votar. Cuanto me diste, Callejón del Lobo.

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