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OPINIÓN - SÁBADO, 23 DE DICIEMBRE DE 2006

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Vorágine de regalos
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

¿Para que nos vamos a engañar? Los regalos de Navidad hacen muchísima ilusión a niños y mayores y hasta puedo afirmar que, en mi caso, lo paso mejor seleccionando y preparando que recibiendo y me parece que eso es algo que nos auna a todos los padres y madres de España. Y encima este año hemos tenido suerte, porque no nos han calentado la sesera con las pamplinas de los juguetes ”sexistas”, ya saben los melindres de los fanatizados profesionales de la buena conciencia y la igualdad absoluta, tipo decir “taxista” si quien conduce el vehículo es una señorita y “taxisto” si lo conduce un caballero, o jóvenes y jóvenas. Lógico en los desocupados que ostentan carguillos y tienen que justificar con iniciativas su jornal. Vamos, que se tienen que acordar de las cursis campañas donde se predicaba que es “sexista” que las niñas jueguen con la Barbie y el niño con los Spiderman y que es necesario, para ser políticamente correctos y paritarios que, los chavales en el parque acunen a sus bebés, mientras las niñas se disparan con armas de la Guerra de las Galaxias. Y esta jilipollez viene a tratar de negar las condiciones masculina y femenina y los instintos propios de cada sexo, aunque yo supongo que no existe padre sensato que regale a un niño un kit de maquillaje de la Barbie y le invite a usarlo ni a una niña un disfraz de Alatriste, mostacho incluido y le conmine a esgrimir la espada como un machote. ¡Dios mío, cuantas pamplinas se les ocurren a los mindundis!.

Pero insisto en que, este año se ha relajado la ñoñería, porque todavía ningún alcalde se ha puesto antibelicista como venía siendo habitual, montando la tradicional hoguera para que los niños arrojen en ella sus “juguetes de guerra” y darles a cambio un balón y una flor. Les digo que, en la Península, llevamos mucho pasado con la moral de las pamplinerías y la política de “gestos”, tan hipócrita y abominable. ¿Que si los niños entregaban sus armas en las convocatorias antibelicistas? Pues sí. Los padres les compraban una pistolilla de plástico de veinte duros o les daban un palo indicándoles que aclararan que era una espada para aporrear cráneos enemigos, lanzaban las macanas a la hoguera y se retiraban con el balón (mucho más caro) y la flor se la regalaban a sus mamás porque, colocársela en la masculina oreja como símbolo de paz es demasiado fuerte para cualquier niño normal.

¿Qué si yo regalaba juguetes sexistas? Sí. De toda la vida, a mis hijos los muñecos de la serie que estuviera de moda y toda clase de armamento y luego videojuegos violentos, para que se fogueen y sean machotes, de hecho mi chiquitillo, quiere intentar el ingreso en la Academia Militar de Zaragoza y como están las cosas de delicadas, necesitamos generaciones de hombres y mujeres valientes capaces de jugarse los cojones por Dios y por España. ¿Qué si a mi ahijada del alma, Paula Pineda le regalo armas? No, le regalo muñecas, disfraces de Cenicienta, Blancanieves o Campanilla y cuadros para su colección de arte. Pero me encantaría que, como mis varones, hiciera full contact, porque, saber defenderse a hostia limpia es lo menos sexista que existe y aúna todas las sensibilidades. Como aúna las sensibilidades esta vorágine de compras e ilusión con la que celebramos el Nacimiento de un bebé llamado a ser el hombre más mágico de la Creación y al que, mañana, en mi humildad, querría entregarle en el portal un pequeño presente del alma. Mañana les contaré.
 

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