PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - SÁBADO, 06 DE ENERO DE 2007

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

Tetuán, cuna de suicidas (y II)

Por Jorge Pérez Blanca


«En los últimos cinco años, a partir de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, ha habido un gran tsunami de barbudos y radicales en todo el barrio. El Islam se ha convertido para muchos en la única salida a la depresión y la marginación que sufren. Sobre todo, si lo que te prometen los imanes en sus sermones es un paraíso al que los mártires entrarán en primer lugar», asegura Hachim, un comerciante del centro de la ciudad que baja todos los días a Jamaa Mezuak a colocar sus mercancías. La mayoría de los vendedores de los puestos ambulantes cumplen con el patrón islamista marcado por la mezquita Hsida -con fama de rigurosa en su interpretación de El Corán y la misma donde rezaba Abdendi Kunja, uno de los suicidas de Leganés-, de pelo rapado al uno y larga barba.

Además de esta mezquita, hay numerosas salas de oración semiclandestinas -la mayoría fueron cerradas tras los atentados de Casablanca, hace cuatro años- llenas a cualquier hora del día. Por la noche, después de uno de los rezos, cientos de jóvenes se dirigen a los clubes de deporte, una especie de pequeños gimnasios especializados en artes marciales. «Antes se podían contar con los dedos de una mano y ahora han florecido como champiñones. Es como si se estuviesen preparando para una guerra», comenta el entrenador de un club del centro de la ciudad. Una reciente estadística dice que el 43% de las mujeres lleva el hibab o velo islámico de origen iraní. Hace una década los únicos pañuelos que se veían eran los que colgaban de los tradicionales gorros rifeños que llevaban las mujeres de más edad.

Además de los sermones de los imanes educados en la doctrina wahabi -originaria de Arabia Saudí- que se pueden comprar o adquirir gratis en forma de DVD o cassette a las puertas de cualquier mezquita, la expansión de la televisión por cable ha contribuido mucho a la difusión del islamismo en este barrio. El 60% de las cadenas que se reciben vía satélite son exclusivamente religiosas, como la saudí IQRA, y se pasan todo el día emitiendo sermones llamando a los jóvenes a vivir el Islam de manera más rigurosa y recomendando a las mujeres a ponerse el velo.

Oriente

Los jóvenes pasan la mayor parte del día en las esquinas, en grupos de cinco o seis, visitando las teterías y cafetines apenas para ver los partidos de fútbol de la Liga española que se trasmiten en directo. Sus charlas se centran en el Hrig, el emigrante a España, que llegan todos los veranos montados en sus coches seminuevos y cargados de regalos.

La emigración se ha convertido casi en la única posibilidad de escapatoria para los jóvenes del barrio. Aunque desde las mezquitas se recomiende más el viaje hacia Oriente que a Occidente. «Gracias a Dios que me guió en este camino y te digo que ya no te hace falta pensar en venir a España. No emigréis a países infieles donde no se sabe la ubicación del bien. Y a vosotras, mis hijas, os digo que sigáis a los hermanos mujhaidines en todo el mundo y quizás seréis uno de ellos, ya que eso es lo que espero de vosotros...», dejó escrito Abdennabi Kounjaa, uno de los suicidas de Leganés, a sus hijas que viven todavía en Jamaa Mezuak.

Las rutas seguidas ahora por los jóvenes del barrio que se han marchado a Irak pasan por Turquía -los marroquíes no necesitan visado para entrar-, y desde allí cruzan por tierra todo el Kurdistán hasta llegar a Siria. Cruzar la frontera iraquí en este punto ya es muy fácil. Otra vía, para los que tienen más dinero, es aprovechar los vuelos que van en época de Ramadán hasta Arabia Saudí para llegar a Irak por el sur. Fuentes policiales marroquíes aseguran, que si bien sólo se tienen conocimiento de la marcha de estos nueve jóvenes, sí han notado la «desaparición de muchos» barbudos que tenían fichados por sus actividades radicales.

Otro detalle significativo es que apenas hay peluquerías femeninas en el barrio. «Aquí las mujeres no necesitan arreglarse el pelo o maquillarse porque van siempre tapadas», asegura Naziha, una peluquera que se vio obligada a cerrar su negocio en Jamaa Mezuak y trasladarlo al centro por falta de trabajo.

Los viernes el barrio se vacía. La mayoría de los hombres jóvenes, ataviados con sus gorras de tela blanca -regaladas por sus familiares que se han ido de peregrinación a La Meca- y embutidos en sus chilabas, desfilan hacia las grandes mezquitas del centro de la ciudad oliendo al mesk, un perfume hecho a base de ámbar, con el que rocían sus barbas también.

Todos estos matices están dejando a este barrio en particular, y a Tetuán en general, en una difícil encrucijada: seguir siendo una ciudad hispano-marroquí -Tetuán, refundada hace cinco siglos por los andalusíes expulsados de Granada por los Reyes Católicos, fue la capital del protectorado español en Marruecos de 1913 a 1956- o convertirse definitivamente en una urbe semi talibana. La propia dicotomía se manifiesta en las corrientes que llegan del Golfo Pérsico.

Por un lado, los saudíes regalan las cintas con los sermones salafistas, de corte integrista, e imponen vestimentas que no son de la zona. Y, por el otro, son cada vez más numerosas las visitas de jeques de aquel país que vienen a alguno de los lujosos hoteles y villas que hay cerca de Tetuán para encontrarse con el alcohol, la droga y las fiestas en brazos de chicas dedicadas ocasionalmente a la prostitución a edades que, en muchos casos, no superan los 16 años.

El hecho de tener a tantos suicidas marroquíes a tan sólo 40 kilómetros de la frontera, preocupa bastante a las autoridades españolas. El pasado mes de abril, el juez Juan del Olmo alertó en un informe sobre el riesgo de infiltración de islamistas radicales en asociaciones de ámbito musulmán en ciudades como Ceuta y Melilla. En este sentido, el juez advierte que «comienza a ser preocupante, sobre todo para la seguridad interior de España y la evolución creciente del movimiento islamista radical en Marruecos».

Antes se decía que, sin el tráfico de drogas o el contrabando, la ciudad hubiese explotado socialmente. Ahora, simplemente, es un polvorín. El axioma citado en un reportaje anterior es ahora más válido que nunca: Si los paquistaníes tienen Peshawar, nosotros tenemos Tetuán...
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto