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OPINIÓN - VIERNES, 19 DE ENERO DE 2007

 

OPINIÓN / PERSONAL Y TRANSFERIBLE

Dieta de adelgazamiento
 


Domingo Ramos
domingoramos@elpueblodeceuta.com

 

Cuando nos damos cuenta de la acumulación de grasas que tenemos en el organismo, principalmente llegada cierta edad en que hace falta de vez en cuando someterse a un chequeo y, de antemano, hemos eliminado de nuestra dieta el alcohol, productos grasos, glucosas, féculas, en fin, cualquier cosa que no se parezca en nada a las frutas, verduras y otros productos por el estilo, a pesar de todo lo cual seguimos con nuestro exceso de kilos, es llegado el momento de que por nuestro médico de cabecera lo primero que se nos recomiende sea el perder peso y, de seguido, el andar todos los días cuando menos una hora.

A la vista de la recomendación, rápidamente nos buscamos datos sobre dietistas, esos que aseguran se pueden perder mas de tres kilos a la semana, que garantizan un adelgazamiento totalmente personalizado, que eliminan el sobrepeso con dietas milagro, que según las patologías, desequilibrios y trastornos físicos de los obesos, después de un concienzudo estudio y sometimiento a un test de alimentos, prometen un esbelto cuerpo, corpulento, que no obeso, a través de la mejora de la dieta. Y claro uno no tiene por menos que acudir a consulta y allí te examinan detenidamente.

Te practican una analítica de sangre y orina y, a la vista de que no se detectan anomalías en su resultado, te aplican el primer tratamiento: un severo régimen de comidas a base de guisantes, judías verdes, leche desnatada, dos rebanaditas de pan al día, un huevo duro a la semana, muchas ensaladas, nada de azúcar, algo de queso fresco, pollo y pescado blanco (a la plancha), o sea, un completo martirio para quien, de vez en cuando, se encargaba de engullir su buen cocido (con la “pringá” incluida), su buena paella de mariscos y otras exquisiteces que por “mor de no querer herir susceptibilidades”, no mencionamos. Todo para que después de pasado un mes de tratamiento se pierdan 12 gramos…

A la vista de ello, no sabemos si hacer caso a la teoría de un amigo, obeso él, que nos comentaba cuan delicado estuvo como consecuencia de padecer una peritonitis con complicaciones hemorrágicas post-operatorias, lo que le produjo un adelgazamiento de cuarenta kilos en veinte días. Gracias a Dios, nos contaba, “que pesaba ciento veinte, que si hubiera tenido setenta estaría hoy acompañando a mis fieles difuntos”.

Es fácil, pues, deducir de todo ello que debido a quedarse con ochenta kilos, las “reservas acumuladas”, según él, le valieron para poder salir de tan precario atolladero y conseguir el alta médica sin secuelas de ningún tipo.

De todas formas, dejando a un lado la anécdota referida y recordando aquella antigua moraleja anónima, de que: “quien bien come, bien duerme y quien bien duerme piensa bien; quien piensa bien, bien trabaja y quien trabaja bien, debe comer bien”, nos paramos a comparar: ¿es mejor la dieta de adelgazamiento?
 

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