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OPINIÓN - VIERNES, 2 DE FEBRERO DE 2007

 
OPINIÓN / POSICION A

Hombres de honor

Por Antonio Gómez


Los acontecimientos vividos en los últimos días en la Comandancia General de Ceuta dejan al descubierto circunstancias que, por su gravedad, deben avergonzar a los verdaderos hombres de honor que proliferan afortunadamente en nuestro Ejército, institución a la que respeto tan profundamente, que me enerba, exaspera y me causa sonrojo los sucesos que, de momento, han concluido con el intento de suicidio de un hombre cuya vida giraba entorno a su profesión, alrededor de su impoluta carrera militar hasta que el cruel destino lo trajo hasta Ceuta.

La traición no está contemplada en los códigos de los hombre de honor. La cobardía y la falta de hombría para asumir las responsabilidades no es propia de quienes se supone tienen entre sus manos la organización de secciones, unidades, o estructuras internas diversas sean las que fueren, en el entorno que fuese tanto civil como militar. Tirar la piedra y esconder la mano es sólo propio de personas rastreras que deshonran el traje y el significado de la lealtad como principio básico de comportamiento.

En el caso que nos ocupa, o sea, en las supuestas investigaciones a civiles desde el estamento militar, el tufo a podrido alcanza a muchas manzanas alrededor del centro neurálgico desde donde partió la supuesta orden a los operativos. En el ‘bunker’ no siempre queda constancia firmada de órdenes concretas. Allí lo que se habla queda en el secreto absoluto de los intervinientes y los eslabones, a veces, quedan sueltos para evitar conexiones que puedan llegar a resultar una incomodidad en la estrutura jerárquica. De manera que el marrón se lo ‘coma’ el operativo y no el que ordena la operación. Algún mando con responsabilidades en la llamada Inteligencia Militar, esa que se sustenta en la famosa 2ª Sección, se pirraba por descubrir la identidad de quienes venían reflejados en rumores canallas cayendo en una espiral del absurdo en el que siempre se han querido mover bien aquellos a los que les iba, y les va, la marcha del medraje al servicio de la causa. La incorporación en la trama de personajes ajenos al mundo militar ha traído enormes complicaciones en el seno de la COMGE donde, a veces, en escasas ocasiones, la cobardía se camufla con medallas.

El ministro se ha precipitado en su decisión. Sus hombres del escalafón militar le han aconsejado muy mal, tan mal que la crisis suscitada no tiene parangón. ¿Quién devuelve el honor al deshonrado? y ¿quiénes son los que, aún con galones, no pueden dormir bien por las noches?.
 

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