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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 14 DE FEBRERO DE 2007

 
OPINIÓN / POSICIÓN A

Carnaval es sólo carnaval

Por Antonio Gómez


Febrerillo el loco se nos ha echado encima casi sin molestar y casi sin darnos cuenta -la mayoría de los mortales ceutíes- de que este es el mes de las coplillas, de los disfraces... de la época que la tradición llama de doña Cuaresma y don Carnal. Y ha llegado casi sin hacer ruido salvo los ecos que llegan de interesados descerebrados que pretenden sacar de contexto lo que significa en sí mismo el carnaval.

Dicen los entendidos que “esto es carnaval”. O sea, hablan los que saben de esto que durante este mes la sorna, la gracia, el salero, la crítica ácida y la amable concitan voluntades de quienes se atreven no sólo a disfrutar de estas fiestas sino de los que buscan entretener y hacer participar a los demás del ingenio y la mordacidad; de lo serio y de lo humorístico, que se presupone brota a borbotones en esta época del año.

En Ceuta, esa ciudad en la que todos nos caemos muy bien, pueblo en el que la crítica por la espalda es una práctica ‘inusual’ y donde los pecados capitales están no sólo superados sino que no existen, el carnaval se tiñe de unidad entre carnavaleros; se ennoblece el arte de la defensa de la libre expresión ya sea esta más o menos inteligente, se base ésta en un mayor o menor ingenio o se vuelva ésta en más intelectual o en más soez... que de todo hay. Exactamente, como dirían los carnavaleros defensores del espíritu de la fiesta, el carnaval es un reflejo de la propia sociedad que expresa de muchos modos los sentimientos o las sensaciones.

Últimamente, parece que el carnaval es sólo el concurso de agrupaciones y, desgraciadamente, para destrozo moral de quienes nos sentimos orgullosos de las tradiciones que siempre se mantuvieron vivas en esta nuestra tierra, vamos convirtiendo -por acción o por omisión- a esta fiesta en un teatrillo donde algunos participan disfrazándose y tomando parte de ese concurso cada vez más gaditano, mientras que la mayoría mira, oye y... asiente en silencio o critica en alto (que esto se lleva más ahora dado que los que se atreven a disfrazarse son los menos).

En definitiva, que después de recuperar la expresión más popular de Ceuta allá en los inicios de los 80 tras la negativa censura franquista; con el trabajo árduo de los pioneros del nuevo carnaval que lo reintrodujeron en la sociedad como algo propio e intrínseco de Ceuta, la cosa empieza a decaer en virtud de la estupidez humana que también existe desgraciadamente.

Pasa como lo del grupo de vecinos de Tenerife que lograron del juez una orden destinada a evitar ruidos en la calle. Gran ejemplo de esa estupidez que judicializó lo que en Carnaval debe quedarse sólo en el mero ámbito del carnaval.
 

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