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OPINIÓN - SÁBADO, 17 DE FEBRERO DE 2007

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Carnaval
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

¿Qué tal el Carnaval ceutí? Por estos lares llevamos semanas de celebraciones callejeras, porque, los andaluces son, somos, muy fiesteros y nos encanta pasear y vivir las calles y más cuando se animan con disfraces, murgas, comparsas y chirigotas. Y encima no nos censuran las letras de los cánticos, por más que, muchas de ellas o la mayoría, puedan ser atrozmente mordaces y cargadas de retranca. Don Carnal y Doña Cuaresma son bula implícita, patente de corso, apología del disparate e incitación a la creatividad. No como en su ciudad de ustedes cuando, el pasado año, hicieron por vez primera en la historia de la democracia y de sus libertades, escándalo y escarnio de la inocente copla de unos Polluelos burlones y descarados, demostrando a nivel nacional el sombrío sentido del humor de las autoridades ceutíes. En el resto de nuestra piel de toro se cantan barbaridades y la gente se troncha, se ensañan con políticos locales y los damnificados se mean de risa, arremeten contra lo divino y lo humano con sano sentido del “todo vale en las mascaradas” suenas los caramillos, resuenan las guitarras y a ver quien la lía más para provocar la carcajada o el sarcasmo y llevarse para la casa de uno la risa de la gente.

He escuchado coplas y coplillas arremetiendo contra las más altas instituciones, sin censura ni tijeras de por medio, sin escándalos amañados y ventajistas, ni personajes o colectivos tratados con rechifla convertidos en agraviados. Les digo que, la culpa de todo la tuvieron los Polluelos por ser payos y no gitanitos, si llegan a ser gitanos y meterse con el mismo lucero del alba no hubiera habido quien les tosiera, por aquello de no molestar a las minorías étnicas, aunque con los calés no hay problemas porque, si les tosen este año, el año que viene la lían aún más gorda, como respuesta racial y salerosa, los romanís no viven del victimismo, porque no les gusta, les da vergüenza. ¿Qué si hago apología de la gitanería? No, yo sencillamente expongo hechos ciertos y empíricamente demostrados y el hecho es que, la raza gitana, ni va de víctima, ni vive de explotar sus complejos, aunque sí vive de explotar arte, duende y españolidad ¡ele!. Pero voy a lo mío que es ensalzar los carnavales y las guirnaldas de luces que revientan en cromatismo las calles. Me siento frente a un café viudo con dos cápsulas de fucus para quitar la agonía de churros, en el café Central y contemplo el macroescenario instalado en la plaza, oigo las coplas y río con satisfacción ante todas y cada una de las barbaridades o de las poéticas vulgaridades que aúllan las murgas. La creatividad andaluza es fecunda, las músicas alegres, las letras chispeantes en su bella mordacidad y la gente pone mucho duende a la hora de disfrazarse, sobre todo si aparece alguna drag queen con ese tipo de disfraces elaborados y carísimos, que son auténticas obras de arte ¡más bonitos! ¿Qué si yo me disfrazo? No. Como mucho de párvula me vistieron de demonio para una función infantil porque mi fisonomía era la más adecuada de entre las educandas para plasmar el personaje y luego, más mayorcita, de gato, pero era un disfraz muy cutre y parecía una anguila escuálida y encima ni con alambre consiguieron sostenerme el rabo que me arrastraba.¡Más horrorosa! Quien si se disfraza es mi ahijada Paula Pineda, la hija de Gabriel, porque cada año aparezco con un disfraz Disney y la niña es una diminuta belleza, con un porte que no se puede aguantar. Hoy precisamente se va mi chiquitillo a Cádiz en un autobús fletado por la Universidad junto a sus compañeros ajedrecistas, van todos vestidos de chinos porque, como son niños muy serios y talentosos les pega mucho.

Otros, los de baloncesto dicen que van de 11 8 88 ¡Para verlos!. En fin, a disfrutar de las fiestas, a ser felices y, antes que nada, sentirse libres porque, sin libertad, la vida es una puta pena.
 

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