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OPINIÓN - MARTES, 20 DE FEBRERO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Miljanic
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Leo que Miljan Miljanic, quien fuera entrenador del Real Madrid, está gravemente enfermo, debido a problemas cardiacos, y que se teme por su vida. Y pronto se me viene a la memoria cuando yo tuve la oportunidad de conocerlo y darme cuenta, de manera inmediata, que estaba ante un técnico sobresaliente y, desde luego, con alguien que a las primeras de cambio se ganaba la simpatía y el respeto de quien conversara con él.

Fue en el campo del Fabra y Coat, un recinto donde jugaba muchos partidos el Barcelona Atlético de los años setenta, donde me presentaron a Miljanic. Estaba allí, viendo fútbol matinal, porque por la tarde el Real Madrid de Camacho, Del Bosque, Amancio, Günter Netzer, Santillana..., jugaba frente al Barcelona.

El motivo de la presencia del entrenador del Madrid en la tribuna del pequeño campo de barriada, se debía a que le habían recomendado a un portero que iba jugando en el Mallorca. Y, precisamente, el representante de aquel guardameta, Juan Pareja, fue quien tuvo el detalle de presentarnos.

Miljanic, apenas nos estrechamos las manos, pidió a sus acompañantes que me permitieran sentarme a su vera para poder preguntarme acerca de ciertos jugadores y, sobre todo, por el portero del cual le habían hablado muy bien. Puesto que él estaba enterado de que la temporada anterior, durante varios meses, yo había estado entrenando al Mallorca. Y además tenía ya conocimiento de que mi regreso al club se produciría al final de esa temporada que estaba dando ya las boqueadas.

Cuando requirió mi opinión sobre el ya reseñado portero, lo primero que le dije es si quería mi parecer o el que le habían dado ya quienes ansiaban que el cancerbero fuera fichado por el Madrid. Mi respuesta le hizo saltar como un resorte y me respondió, mirándome fijamente con aquellos ojillos penetrantes y agudos: “Quiero la tuya...”

A lo que yo contesté: pues no sabe usted en el lío que me va a meter. Campos, que así se llamaba el portero, tuvo una infeliz actuación. Y ello hizo posible que se le vieran todos los defectos que yo me conocía de memoria.

Pocos meses después, verano del 75, el Real Madrid jugó el torneo veraniego de Palma. Y lo primero que hizo Miljanic fue decirle a los organizadores que deseaba ver al entrenador del Mallorca. Que era yo. Recuerdo que, mientras los jugadores madridistas y los del Español hacían ejercicios de calentamiento en el césped del Luis Sitjar, el montenegrino charlaba conmigo en la banda.

De pronto, se le ocurrió decirme: “Verás de qué manera reacciona Netzer a lo que le voy a recordar”. Y allá que levantó la voz para llamar la atención de Günter y éste, que estaba peloteando con Sol, se acercó al trote. Y más o menos le habló así: “Enfrente tendrás a Solsona, que está jugando maravillosamente, espero que no te dejes avasallar por él”.

El jugador alemán, que era muy alto y que más que botas parecía calzar alerones de avión, dado que tenía de pie un 47, chapurreó lo siguiente, acompañándose de gestos claros con las manos: “Lo voy a pasar por alto y no se va a enterar de que está jugando”.

Y allá que se alejó con su trote cansino a emparejarse otra vez con Sol, mientras la sonrisa de Miljanic permitía que se le viese la muela del juicio. El entrenador del Madrid volvió a dirigirse a mí: Manolo, Günter está motivado y seguro que Solsona, jugador bueno, de pasecitos cortos y horizontales, lo va a pasar muy mal.

El Madrid goleó al Español. Y Amancio, ya en su ocaso, hizo las delicias del público gracias a los pases matemáticos del jugador alemán. Miljanic, por si algunos no lo saben, contribuyó a la modernización del fútbol español. Lo contaremos otro día.
 

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