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OPINIÓN - VIERNES, 23 DE FEBRERO DE 2007

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Idoia, jaramagos y amapolas
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Si existe un valor fundamental para el ser humano, que en nuestra cainita España tiene trazas de haberse relegado al baúl de los recuerdos, es el honor. Parece que nadie lo añora o hace alusión a él, al igual que ha quedado en desuso la palabra “bonhomía” tan rotunda y celtibérica. Es más, hoy podría ser considerada hasta sexista por los de la moral de la melindre y del petit suisse, esos que dicen “jóvenes y jóvenas” en pos a un igualitarismo tan ñoño y tan cursi que, las propias féminas que vamos por la vida con la autoestima en su justa medida con respecto a los varones, abominamos de tamaña distorsión del idioma.

Por cierto, el honor va en masculino, así que ya podemos mascar la amenaza de alguna descerebrada que insista en llamarle “la honora” si quien ha dado muestras de tan rara cualidad es una mujer. Hablo de honor y de géneros porque ha partido hacia la luz una jovencita de veintitrés años, Idoia Rodríguez, soldado de nuestro Ejército “por Dios y por España” digo y se me llena el paladar como si estuviera masticando un mantecado, siento plenitud dialéctica ante la frase que venimos repitiendo desde que, de la Magna Mater de las grutas de Covadonga surgió un español, don Pelayo, para revolucionar espíritus dormidos y recuperar la tierra de Tubal, Gárgoris y Habidis. “Por Dios y por España” he escuchado los testimonios de los vecinos de esa rubia soldado (que no soldada, que son dineros para nuestros tercios de Flandes) y la describen como militar vocacional, que es infinitamente más que militar profesional.

Será que tengo conceptos añejos del honor en nuestra piel de toro, en nuestra vieja Iberia y no me cabe en la cabeza el soldado de fortuna sin más, el que se arrima a algo tan trascendental como lo es una bandera, por un jornal a secas, el mismo que podría levantarse poniendo ladrillos en una obra, aunque poner ladrillos es arduo, buscar la obra y que te admitan, trabajoso y meterse a soldado con los requisitos mínimos de lo mínimo debe resultar más socorrido.

Aunque mucho más delicado para la ciudadanía que espera del Ejército, no tan solo capacidad de respuesta ante una amenaza externa y mucho menos ser enviados a repartir latas de leche en las misiones humanitarias, para eso que vayan las Damas de la Caridad o Cáritas, al Ejército se le pide, en cualquier país, que defienda la Patria y que acojone a los malos y que, si es posible, sus hombres y mujeres presenten la cualidad del honor y del amor a su nación. Y al que es de esa leche, de “Por Dios y por España” los mandos le detectan, se le ve venir, exuda disciplina y espíritu castrense . Tiene ese afán de superación y esa voluntad que hace que el hombre y la mujer que la poseen lleguen mucho más lejos que los, tan solo dotados de inteligencia, tiene esa raza con mayúsculas de una chica como Idoia Rodríguez que ya poseía todos los carnets y que estaba en Afganistán. Bregando con los talibanes en esa guerra alargada que podría acortarse notablemente si se comenzara a actuar con lanzallamas y helicópteros hasta dejar al asilvestrado país sin una puta planta de adormidera y si quieren financiarse que planten brócoli o alcachofas.

¿Una muerte estéril? Nunca lo es la de un soldado español. Tierra, soldado, muerte…Me hacen recordar aquellos himnos que cantara mi padre “Y si un día a mi me matan, de la tierra en que yo muera, brotará como una espiga, roja y negra, por la pólvora y la sangre mi bandera…” Son otros tiempos y de la sangre de la niña-soldado brotarán jaramagos y amapolas en aquellas tierras, no diré dejadas de la mano de Dios, porque Dios no abandona a sus hijos y , en este caso, utiliza a nuestros chicos y a nuestras chicas, a nuestros soldados españoles para sembrar la paz. Y hacerlo con honor.
 

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