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OPINIÓN - VIERNES, 9 DE MARZO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Bochornoso espectáculo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Me senté ante el televisor para ver la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero en el Senado. Convencido de que iba a presenciar un espectáculo bochornoso. Si bien me quedé corto en mi apreciación. Pues los llamados padres de la patria, además de hacerme sentir vergüenza, dieron, una vez más, muestras indiscutibles de estar generando odio en un pueblo donde el impulso cainita de sus ciudadanos, al parecer sólo dormido, según airean algunos intelectuales, puede despertarse y meternos en belenes.

De continuar los políticos con estas zaragatas, dispuestos en todo instante a montar un cirio convertido en diferencia y así ganarnos para su causa, día llegará en el cual el cainismo saque a relucir sus modos. Y ya sabemos que cuando la pasta de dientes se sale del tubo, es imposible volver a reintegrarla en él.

El caso de De Juana Chaos se ha convertido en principal debate para despertar la hostilidad entre españoles. Para que dirimamos a garrotazo nuestras divisiones. Como si el pasado, aún enquistado entre partes, no estuviera al acecho a fin de ajustar cuentas que muchos no creen saldadas. Quien es capaz de asesinar, aunque sólo sea una vez, debería tener agotada su capacidad de vivir. Quien lo ha hecho en veinticinco ocasiones se ha hecho merecedor de morirse muchas veces ante la indiferencia de los demás. Y, desde luego, sin acceso a ningún paliativo.

Haber dejado que este etarra, criminal desde la cuna, hubiese expirado en la cama del hospital, por huelga de hambre, no hubiera sido nunca motivo de remordimiento para los gobernantes. Nunca. De hecho, a Felipe González no le tembló el pulso cuando Manuel Sevillano, el marchenero perteneciente al GRAPO, decidió tomar esa decisión. Incluso, en su día, lo que más se criticaba era la forma de alimentarlo contra la voluntad del terrorista.

Por lo tanto, absurdo es negar, en el caso que nos ocupa, el de un asesino en serie, que el Gobierno ha concedido la prisión atenuada por motivos políticos. Una realidad que no admite discusión. Puesto que alegar motivos humanitarios es, además de mentira, una broma de mal gusto y una manera de cabrear a quienes pensamos que el Partido Popular está teniendo un comportamiento tan desafortunado como peligroso para la convivencia en España.

Así, con ambas partes, es decir PSOE y PP, enfrentadas hasta límites inconcebibles, con el único fin de ganar las elecciones, lo ocurrido en la Cámara Alta, el miércoles pasado, es un aperitivo de lo que se avecina. Un adelanto de que debemos estar preparados para lo peor. Y es que los parlamentarios manifiestan su gozo cuando se comportan como energúmenos. Es como si sus escaños los facultara para exhibir una mala educación que los convierte en seres impresentables. Tan aborrecibles como culpables de que mucha gente vea en la abstención el mejor castigo a esa conducta.

Pío García Escudero, portavoz del PP en el Senado, es político cuya palabra resulta demoledora para cualquier adversario. Sabe, también, denunciar con gestos apropiados y por ello resulta creíble lo que dice. Porque lo dice bien. En suma: reúne cualidades suficientes para que destaque su condición de buen político. Conque no necesita de esa claque de senadores cuya única misión consiste en comportarse como gamberros con el único objetivo de impedir que hable el contrario. En esta ocasión, el presidente del Gobierno. Daba pena, y lo saco a relucir, como arquetipo negativo y destacado del conjunto del grupo popular, comprobar la figura descompuesta de Teófila Martínez. De esa manera, y por más que el Gobierno haya estado falto de sensibilidad, flaco favor se le hace a la convivencia entre españoles.
 

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