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OPINIÓN - SÁBADO, 10 DE MARZO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Las víctimas
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

En estos días, donde se viene hablando tanto del dolor de quienes han padecido el asesinato, o la mutilación, de algún familiar por parte de la banda terrorista ETA, hay personas que se están distinguiendo por hacernos creer que ellas han sufrido tales atentados como cosa propia y no han cesado de estar siempre al lado de las víctimas con vida. Oigo a esas personas, leo sus declaraciones al respecto, en estos momentos, y trato de hacer de tripas corazón para creer que todas esas desgracias les impiden tener siquiera un instante de reposo. Que viven en un continuo ¡ay! por todas los crímenes cometidos por esos vascos de mala ralea.

Y llego a la siguiente conclusión: esa gente está hecha de otra pasta. Esa gente, sufridora en extremo por los demás, hasta el fin de sus días, nos empequeñecen a todos los que nos sentimos nada más que disminuídos por la muerte de cualquier hombre y en cualquier parte del mundo. Mas pronto, antes de atribuirme un sentimiento culpable por no ser como ellos, caigo en la cuenta de que yo los he visto comportarse de manera bien distinta cuando los asesinatos se cometían en tierras lejanas y por cuestiones basadas en mentiras.

Y he aquí que la guerra de Iraq viene a socorrerme. A impedirme que caiga en las garras de una depresión por no ser como ellos. Tan buenos. Tan dados a vivir las desgracias de los prójimos con idéntico dolor como las suyas. No obstante, para cerciorarme de lo que decían algunos cuando las bombas mataban a los iraquíes, y entre ellos pasaban a mejor vida innumerables niños, acudo a la alacena de la memoria. Y extraigo las siguientes palabras de políticos que ahora están travestidos de plañideras:

-En qué lío no has metido nuestro presidente. Como Bush no sea capaz de liquidar a esa gente cuanto antes, seguro que perderemos las elecciones.

Convendrán ustedes conmigo, sin duda, que haya decidido dejar la letra sin nombres. Pues sería contraproducente por cuestiones obvias.

Entonces, cito de memoria, escribí yo acerca de una niña, llamada Zeina Hazed, que había perdido una pierna y se hallaba en el hospital de Basora tendida en una cama junto a su abuela. Y los hubo que me tacharon de sensiblero de tres al cuarto. Mientras ellos, los buenos de ahora, los sufridores permanentes por las tragedias ajenas, sólo pensaban que tanta muerte y destrucción estaba bien si acaso se lograba en el menor tiempo posible. De lo contrario, las urnas podrían pasarles factura de un hecho criminal forjado con mentiras indiscutibles. Y así fue.

Claro que es sumamente necesario estar de parte de las víctimas. De todas las víctimas en general. Y prestarles todas las ayudas posibles y aún más. Aunque reconociendo, desde luego, que las víctimas no son únicamente las producidas por ETA. Que hay otras muchas como muchos y variados son sus victimarios.

Por consiguiente, cuando oigo o leo declaraciones de quienes andan estos días proclamando, a cada paso, que están al lado de las víctimas y de los que sufren. O tratan de lucirse citando frases que llaman impactantes. En clara alusión a lo acontecido con el criminal De Juana, me es imposible olvidar que todos hemos sido víctimas en al gún momento. Y que por no pertenecer al círculo de quienes mandaban en ese tiempo, nos hemos vistos solos ante las injusticias recibidas. Olvidados de quienes podían dar un paso al frente en favor de esclarecer la verdad de nuestras desdichas. E incluso hubimos de soportar que se pusieran de parte de nuestros verdugos. Una ignominia más destructiva aún que el atentado en sí.

Yo siento el dolor de las víctimas. De todas. Durante el tiempo necesario. Lo que nunca haré es tratar de sacarles réditos.
 

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