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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 14 DE MARZO DE 2007

 

OPINIÓN / PERSONAL Y TRANSFERIBLE

Ni perdón ni cal viva
 


Domingo Ramos
domingoramos@elpueblodeceuta.com

 

Después de la manifestación del 10-M en la que no hubo banderas franquistas, ni pancartas, ni lemas ultras sino enseñas constitucionales (más de medio millón según las crónicas), veinte mil lazos azules, miles de pancartas, fotografías de algunos asesinados, representación de mas de doscientas asociaciones adheridas al acto así como una nutrida presencia de víctimas del terrorismo de ETA y mas de dos millones de personas, no puede decirse, como se ha oído, que asistieron a la manifestación “la mitad de los muertos en la guerra de Irak” (José Blanco), que “el PP está rompiendo las líneas rojas que delimitan el campo del juego democrático” (González de la Vega) o que “la manifestación fue un rotundo fracaso de asistencia” (López Garrido). Quizá éstas sean, aparte de la preocupación de los dirigentes socialistas por las consecuencias negativas electorales que pudieran ocasionarse dada la gran movilización de personas que concurrieron a la manifestación y concentración del sábado 10 de marzo, las causas de las críticas referidas mas otras muchas que se vienen produciendo tratándose con ello de menospreciar y quitar importancia al acto en si y, por ende, al Partido Popular liderado por Mariano Rajoy, cuando quiérase o no, se ha llevado a cabo siguiéndose las mas estrictas y ajustadas normas de convivencia que los españoles nos dimos con la promulgación de la Constitución de 1978 y en lo que al derecho de reuniones y manifestaciones se refiere.

Ha sido una forma que ha elegido el pueblo para expresar su inquietud por la España que viene a menos, políticamente hablando, a pasos agigantados, desmoronándose, partiéndose en pedazos y, encima, siendo objeto de cientos de asesinatos. Y ahora, para colmo, sus ejecutores se ven favorecidos, por decisión única del gobierno de la nación, con la “prisión atenuada” de un convicto que no dio oportunidad alguna a los veinticinco ciudadanos por él asesinados para reclamar la independencia de su región utilizando para ello cauces criminales, asesinando vilmente además de seguir apoyando a sus partidarios que ejecutan actos terroristas -amenazas a ciudadanos, quema de cajeros automáticos, comercio o autobuses y asistencia a concentraciones a favor de ETA, como ya se ha dicho en repetidas ocasiones- y que ni siquiera permiten a sus familiares el consuelo de llevar a cabo misas o funerales en memoria de sus seres queridos.

En estos tiempos en que la nación española dispone de un sistema político democrático, no puede permitirse la más minina ventaja al enemigo que, aun cuando dispone de cauces legales para manifestar sus inquietudes o apetencias, aunque sean políticas o territoriales, no hace uso de dichos cauces y sin embargo mantiene a través de sus “representantes” de Herri Batasuna los hechos delictivos señalados, se hace necesario, pues, que todo el peso de la Ley caiga sobre quienes la transgreden y, más, si se producen asesinatos o atentados contra las personas o bienes, con mayor implicación si es posible y con los medios legales de que disponen las Fuerzas de Orden Público y los órganos judiciales aplicándose para ello el cumplimiento de las penas íntegras sin que quepa el perdón para los asesinos ni, tampoco, por supuesto, la cal viva para su erradicación y, menos, llevándose para ello el “trabajo a casa” (entiéndase Fondos Reservados). Esto es, en definitiva, lo que puede deducirse de la protesta llevada a cabo por el pueblo el pasado 10 M en la Plaza de Colón de la capital de España.
 

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