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sociedad - VIERNES, 27 DE ABRIL DE 2007


Barriada de Bermudo Soriano I. NICOL´S.

paisajes electorales (I) / Bermudo soriano
 

Retrato de un cambio

Los vecinos de Bermudo Soriano se muestran contentos con la evolución de la barriada, que se ha modernizado y respira tranquilidad
 

CEUTA
Oscar Varela
oscarvarela@elpueblodeceuta.com

Bermudo Soriano es una barriada que nació hace 35 años. Hoy viven allí más de 150 familias que llegaron desde los albergues que estaban en torno a la antigua plaza de toros, “unas casas muy antiguas y sin servicios”, como recuerda Carmen, la presidenta de la Asociación de Vecinos de Bermudo Soriano I. La barriada la componen tres bloques, situádos en las inmediaciones de Hadú.

Se trata de una barriada tranquila, que antiguamente estuvo poblada por obreros que hoy son mayores, y que vio marcharse a los jóvenes. Por fortuna, como relata Carmen, hoy “en la barriada se vive bien, no hay maleantes”, con lo que puede asegurarse que la tranquilidad de antaño se mantiene, alterada sólo por el griterío de la chiquillería que juega al balón en el ‘Llano grande’. La población es mayor, viejos cristianos que convive sin problemas con el importante colectivo musulmán que se instaló en Bermudo Soriano II y III, los hermanos nacidos al calor del primer bloque de viviendas. A las viejas casitas sin baño a las que se refiere Carmen, le sucedieron las que por entonces eran construcciones más modernas con los servicios cubiertos, el viejo aljibe hace poco que lo han arreglado, con lo que los problemas de agua han desaparecido, y el resto de las infraestructuras goza de bastante buena salud, con lo que las comodidades han aumentado mucho para esta honrada gente.

El único problema que le ven hoy a la barriada sus vecinos es la falta de una reja que no deje entrar a los coches en el Llano Grande, la herida en la tierra que quedó tras tirar la antigua plaza de toros. En esta herida es donde juegan hoy los chiquillos despreocupados de todo, y el continúo trasiego de coches buscando aparcamiento es una fuente de preocupación para el vecindario, ya que un día puede suceder un accidente al entrar y salir los vehículos por donde corretean los chiquillos.

Otro aspecto que tiene algo preocupada a la barriada es la posible debilidad de la estructura que soporta este llano, puesto que hace años que fue horadado para construir un garaje que, por cierto, no han podido disfrutar los vecinos dado el elevado precio al que salieron las plazas.

Este hecho y la falta de espacios culturales y de ocio para la juventud son las únicas pegas de esta tranquila vecindad. Hoy esta s personas tienen su hogar en una de las barriadas en las que la multiculturalidad está más a flor de tierra. Existe un colegio de piel nueva pero de alma antigua, el Ramón y Cajal, que hoy es de mayoría musulmana, y que guarda en sus pasillos los juegos de muchos de los mayores del barrio, y los sueños de los más jóvenes.

El balance de los últimos años, a los vecinos les sale positivo. Se muestran contentos con el crecimiento que ha experimentado y con la seguridad de sus calles. El nuevo centro comercial les terminó de acercar a la ciudad, o terminó de acercar la ciudad al viejo barrio. Hoy, esperan que llegue Correos, como antes estuvo ‘Telégrafos’. Las cosas, parecen no cambiar tanto como las personas.
 

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