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OPINIÓN - SÁBADO, 19 DE MAYO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Bobo y demagogo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Un político no se caracteriza por lo que hace, que suele ser poco, sino por lo que dice, que siempre es muchísimo. Cito de memoria y no me apetece levantarme del asiento para buscar el nombre del autor de la frase. Por tal motivo, cuando llegan las campañas electorales me dan ganas de prohibirme el escribir sobre unos candidatos que mienten más que hablan. Con lo cual no hacen sino darle la razón a quien dijo que los programas se hacen para no cumplirlos. Quien así pensaba y lo aireaba, sin ningún pudor, era una víbora con cataratas. Que así suele recordar Raúl del Pozo a Tierno Galván.

“Todo ciudadano, aisladamente considerado, experimenta el influjo de dos fundamentales circunstancias que contribuyen a delimitar su posible destino: el hogar en que nació y el desenvolvimiento económico que impere en él. El papel que desempeña en la vida siempre estará influido por las iniciales circunstancias que rodearon su nacimiento”. Ya Weber escribía:

-Un individuo hace por su cuenta parte de su vida; lo más de ella está a cargo de las circunstancias”.

Pensamiento que hace suyo Ortega y Gasset con el hombre y sus circunstancias.

Dejemos pues a los individuos y entremos a referirnos a la colectividad. Preciso es reconocer que el hogar de una nación es su territorio. Por la misma razón que el hogar de un pueblo es también el sitio en el cual está afincado y, cómo no, su historia.

Si el “hogar” está escaso de recursos naturales, es decir que es más bien pobre, lo lógico es que quienes lo habitan procuren por todos los medios luchar denodadamente por acceder a los empleos existentes. Y quienes se quedan fuera del circuito de trabajo, que también necesitan comer, no tienen más remedio que poner en práctica todas sus habilidades para no engrosar la lista de los que no pudieron evolucionar. De lo contrario, a los ciudadanos les queda una mala solución, injusta a todas luces; pero necesaria si quieren seguir llenando la botarga: buscarse la vida por otras tierras. Que fue lo que quiso decir el delegado del Gobierno, Jenaro García Arreciado, de manera superficial, y que fue aprovechado por Juan Luis Aróstegui, bobo y demagogo, para ponerlo como chupa de dómine.

Pero si el individuo, según Weber, “hace por su cuenta” parte de su vida”, también la nación, o el pueblo, parte de su desarrollo. Ceuta, por geografía e historia, ha hecho también su camino. Y quienes la vivimos hemos de saber a qué atenernos en relación con sus posibilidades económicas. Existe, claro es, un sector terciario bien remunerado. Y al cual, lógicamente, quieren acceder casi todos los ceutíes. Pertenecer a la Administracción es, sin duda, un deseo permanente de quienes están en edad de trabajar. Y es legítimo que remuevan Roma con Santiago a fin de obtener esa plaza que les asegura una vida con la que poder formar una familia y comprarse el piso allá donde les apetezca y puedan.

Arremeter contra quienes quieren formar parte de ese medio de vida, que no deja de ser la riqueza que se ha forjado una ciudad carente de estructuras para aspirar a ser sede industrial, me parece que sólo está al alcance de un demagogo. Un tipo que tiene las instituciones repletas de personas metidas a dedo. Enchufadas por él, por medio de cambalaches políticos. En Ceuta, como en otras muchas tierras escasas de riqueza, existe el egoísmo y la insolidaridad cuando se trata de competir por un empleo. De no ser así, habría mucha más gente dedicada a otros menesteres. Y le estaríamos dando la razón al ministro del Interior de Marruecos: Chakib Benmusa. Lean la entrevista que le hizo Cembrero en El País. El 25 de febrero.
 

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