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OPINIÓN - SÁBADO, 26 DE MAYO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Sucedió así...
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

El miércoles pasado, debido al compromiso contraído con el propietario de este periódico, para asistir a las entrevistas programadas por la televisión pública, me perdí la final de la Liga de Campeones. Un acontecimiento que, con todos mis respetos para los políticos, ya invitaba a quedarse en casa. Menos mal que antes de presentarme en el lugar indicado, había podido disfrutar de unas actuaciones de El Juli, en la Feria de San Isidro, que le hicieron salir por la Puerta Grande que da acceso a la madrileña calle de Alcalá. Algo que perseguía el torero con ahínco desde que se doctoró como matador de toros.

Mi llegada al Parador La Muralla, a las nueve y media de la noche, me hizo coincidir con Abselam Abderraman Maate en la cafetería del establecimiento. Y allá que nos pusimos a pegar la hebra acerca de los problemas de Ceuta y, desde luego, tuvimos tiempo para intercambiar algunas impresiones sobre el momento que vive su partido: la UDCE-IU.

Comencé a preguntarle, como quien no quiere la cosa, por algunas cuestiones. Le planteé el siguiente problema: al carecer ustedes de parcelas de poder y, por tanto, no contar con ninguna posibilidad de otorgar prebendas a los votantes, cómo se las apañan para hacerse con una clientela capaz de hacerles obtener tres escaños. Lo cual es un éxito indiscutible.

El hombre de confianza de Mohamed Alí, educado y con la facilidad de palabra que le proporciona su excelente preparación, me respondió, más o menos, que el discurso de ellos hacía innecesario el ofrecimiento de apoyos y privilegios a sus seguidores. Traté de sonsacarle sobre si, en algún momento, habían pensado aproximarse al PP en la misma medida que, en su día, lo hiciera el PDSC. Y me contestó de manera tan rápida como tajante: “Nosotros somos un partido de centro izquierda. Y nos tenemos que ceñir a esa idea. Cualquier desvío sería traicionar a nuestra gente”.

Tras lo oído, no dudé en adentrarme por un camino siempre propenso a herir susceptibilidades, pero que la formación del personaje me invitaba a no desperdiciar la ocasión para inquirirle. Usted es consciente de que hay en su personalidad muchos componentes. Ya se trate de la lengua, de las creencias religiosas, de los gustos artísticos o culinarios. Es usted un musulmán español y goza de una situación privilegiada para poner esas dos pertenencias al servicio de la siguiente misión: tejer lazos de unión, disipar malentendidos, hacer entrar en razón a unos, moderar a otros... En suma: allanar, reconciliar. Servir de mediador entre las diversas comunidades y culturas.

Sí, entiendo todo lo que usted me ha dicho, pero esa misión no nos corresponde mientras que estemos en la oposición. Y espero que lo entienda. Contestación rotunda y sin perder la sonrisa.

El tiempo que se nos había pasado volando nos hizo darnos cuenta de que había llegado la hora de irnos hacia el plató de televisión y allá que nos encajamos en él. Y allí me topé con Mohamed Alí. Lo primero que hizo, nada más saludarme, es justificarse: “Oye, Manolo, que yo sí me anuncio en El Pueblo... Nos reímos. Y decidí tantearlo, tras la interesante charla tenida con su compañero de partido y amigo íntimo.

Recurrí a las mismas preguntas. Y obtuve las mismas respuestas. Calcadas todas a las que me había dado Abselam. En un momento determinado nos dijeron que la función iba a empezar. Cuando me acerqué al escenario descubrí que me habían dejado un sitio que no correspondía ni con la categoría del medio al cual representaba ni con su antigüedad. Y decidí renunciar a mi participación. El día anterior lo había soportado. Mas no lo creí oportuno en esta ocasión. Vuelvo a pedir disculpas a Mohamed Alí.
 

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