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OPINIÓN - VIERNES, 1 DE JUNIO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Basilio Fernández
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hubo un tiempo en que Basilio Fernández tuvo cierto tirón para ganarse la confianza de la gente. Lo cual le sirvió para acceder al escenario político confiado en sus posibilidades. Las mujeres, que tanto dan y quitan en las urnas, dijeron de él que era un calco de Felipe González. Y a partir de ese momento, él se creyó que era un socialista fetén.

Tan socialista como Francisco Fraiz; con quien decidió formar parte de Progreso y Futuro de Ceuta. Un partido cuya cabeza visible lo mismo cerraba un periódico que ordenaba que se entrase en una vivienda por el método de la patada en la puerta.

Con esa manera de actuar de Fraiz -que era encantador a la hora de embaucar a los votantes; pero que sacaba a relucir su carácter, atrabiliario y tonante en cuanto se afirmaba en la posesión del poder-, Basilio era consciente de que más pronto que tarde sería alcalde. Y lo fue: en cuanto se hizo firme la sentencia del monterilla, FF.

Con lo que no contaba Basilio Fernández, tan socialista él y tan parecido a FG, era con vivir un calvario como primera autoridad de la ciudad. Y, menos aún, vivirlo con un Gobierno socialista: ya que en la plaza de los Reyes mandaba una socialista de toda la vida. Vamos, desde que María del Carmen Cerdeira usaba baberos.

Basilio Fernández se tuvo que tragar la rebelión de los inmigrantes en Las Murallas Reales. Y lo peor del caso era que tanto él como la delegada del Gobierno habían sido avisados de que la situación en los bajos del Ángulo era insostenible y que estaba a punto de producirse un caos. Pero, tal vez por ser ambos socialistas y llevarse la mar de bien, no creyeron conveniente atender a lo que se les dijo por escrito.

Se les dijo, por parte de quien se atrevió a pasear por unas mazmorras convertidas en laberintos, pasadizos y oquedades, que allá abajo, en las profundidades de las Murallas Reales, estaba, caso de existir, el verdadero infierno. Mas no prestaron la menor atención y terminaron quemándose ellos.

Lo traigo a colación porque Basilio Fernández se está haciendo notar, nuevamente, como socialista de pura cepa. Y le ha dado por salir en los papeles repartiendo consignas para sacar al PSOE -de Ceuta- del abismo en que lo ha metido la dimisión de María Antonia Palomo. Y lo ha hecho convencido de que en el Partido Socialista de Ceuta se le sigue considerando el eterno ‘Pepito Grillo’.

Es lo que él ha declarado recientemente. Y así, como quien no quiere la cosa, ha dejado bien claro que sus opiniones serían muy necesarias en el partido del cual sigue siendo militante. Que estaría dispuesto a no excederse en sus críticas; si bien no renunciaría a cantarle las cuarenta a quien se aferrase a la idea de no abrirle las puertas del partido a Juan Luis Aróstegui y a Mohamed Alí. Que lucharía, denodadamente, contra las injusticias y, desde luego, que estaría dispuesto a servir al partido con sus reflexiones, sus meditaciones, sus análisis... En suma: que pondría toda su experiencia política, dado que ha sido alcalde y presidente, al servicio de los socialistas ceutíes.

En fin, que nuestro hombre cree que está en el momento ideal para convertirse en la conciencia principal de la organización. Y, claro, se postula para ello. Y está en su derecho de proclamarlo a los cuatro vientos.

Aunque mucho me temo, por más que Basilio Fernández sea una figura interpretando a ‘Pepito Grillo’, que los componentes de la Gestora socialista seguirán manteniéndolo en el ostracismo.

Y lo harán por haberse atrevido a mentar a Aróstegui. Lo que significa nombrar la soga en casa del ahorcado. Y si no que se lo pregunten a Enrique Moya: el nuevo manda de la cosa. Algo que se veía venir.
 

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