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cultura - LUNES, 4 DE JUNIO DE 2007


la periodista carla fibla. m.z..

 entrevista / autora de ‘españa-marruecos desde orilla sur’
 

Carla Fibla: “Desde Marruecos
lo de Perejil siempre se vio
como un chiste”

“Se puede hablar de Ceuta y Melilla, pero para los marroquíes no hay duda: son suyas” . “Ahora nos estamos tratando más de
igual a igual, y eso es importante”
 

CEUTA
Gonzalo Testa
gonzalotesta@elpueblodeceuta.com

Carla Fibla es la voz que informa de lo que ocurre en Marruecos, aunque cada vez más también en Argelia, Mauritania y los países del entorno, en la Cadena SER y el periódico La Vanguardia. En campaña electoral pasó por Ceuta para participar en el programa ‘La Ventana’ con Gemma Nierga. Residente en Rabat desde hace seis años, Fibla contempla con “preocupación” la “desesperación” de los miles de jóvenes marroquíes que no encuentran salida a sus vidas y que tienen más al alcance de sus bolsillos ponerse un cinturón explosivo que subirse a una patera para llegar a Europa. Afable, directa y profesional, Fibla lamenta que las buenas relaciones bilaterales que han seguido a la etapa crítica que se vivió con Aznar no esté sirviendo para “profundizar” en los temas “clave” que han separado históricamente durante las dos últimas décadas a España y Marruecos a nivel diplomático.

Carla Fibla (Valencia, 1973) es desde hace casi un lustro la corresponsal del periódico La Vanguardia y de la Cadena SER para todo el Magreb, aunque su oficina central se encuentra en Rabat, donde trabaja desde octubre de 2001. Escribe regularmente artículos de análisis en el semanario El Temps y colabora con la revista Afkar/Ideas. Comenzó su carrera profesional en El Cairo (Egipto), trabajando como freelance para varios medios de comunicación. Tras obtener el título de Experta en Información Internacional y Países del Sur, trabajó durante dos años en Diario 16. Antes de ‘España-Marruecos desde la orilla sur’, sobre el que se plantea redactar una reedición actualizada, publicó dos libros de entrevistas: ‘Debate sobre la eutanasia’ (2000) y ‘Debate sobre el divorcio en Chile’ (2001). En campaña electoral visitó Ceuta para participar en el programa ‘La Ventana’ de Gemma Nierga.

P: Publicó ‘España-Marruecos desde la orilla sur’ hace dos años, cuando el nuevo rumbo en las relaciones con Marruecos dirigido por Zapatero comenzaba a dejarse notar. ¿Han cambiado mucho las cosas desde entonces?

R: Hay muy pocas cosas que han cambiado en realidad porque incluso el capítulo dedicado en el libro a la etapa que se abría con Zapatero tras la reconciliación forzada que intentó Aznar al final de su mandato, donde se atisba lo que podía pasar, se ha confirmado durante estos tres años: muy buenas relaciones sin profundizar en los contenciosos de siempre. Ahora sería interesante sacar otra edición para ver hacia dónde están avanzando las relaciones bilaterales.

P: ¿Hacia dónde están avanzando?

R: Se ha avanzado mucho hacia un planteamiento de igual a igual, algo que es muy importante, especialmente en el caso de Marruecos, por su estructura de poder. La vía diplomática funciona y ya no se utilizan los medios de comunicación para una guerra constante entre los Gobiernos… Todo eso ha terminado, pero no llegamos a profundizar en asuntos clave como la pesca, la delimitación de aguas en el Atlántico... En el tema del Sáhara parece que sí ha habido un cambio de la postura española y un acercamiento hacia la postura marroquí tras la presentación de su Plan de autonomía pero, ¿por qué, si hay comités mixtos trabajando desde 2003 y las relaciones son tan buenas, no se avanza más? Pienso que falta diálogo y que España no defiende sus posturas de una forma contundente.

P: El libro da la visión de España que existe en Marruecos. ¿Cómo se lo planteó?

R: Pedí a representantes de la sociedad civil marroquí que, en la voz de personas a las que yo había conocido trabajando, planteasen los problemas que creían fundamental en las relaciones entre España y Marruecos y cómo resolverlos y yo me encargué de la parte más política, la más periodística.

P: ¿Qué temas aparecieron?

Los temas clave: Sáhara, inmigración, pesca, relaciones económicas, falta de inversión o intercambio comercial, problemas culturales como la falta de interés de España por mantener su cultura y su lengua en Marruecos…. La parte política más oficialista la resolví con dos entrevistas a los ministros de Exteriores bastante clarividentes porque ambos dejan entrever que sí, que había buenas relaciones pero nada más. Al final hice una selección de prensa marroquí traducida porque me parece muy interesante que los españoles sepamos cómo nos ven los marroquíes en su prensa, por ejemplo durante la crisis de Perejil.

El Perejil, como si nada

P: ¿Cómo se vio esa situación en el país vecino?

R: No tuvo nada que ver cómo lo vivimos en Marruecos a cómo se vivió en Ceuta y el resto de España. Cuando hablaba con mis compañeros de la SER me decían que había una tensión tremenda, pero en Marruecos estábamos tan normales: se convocaban manifestaciones sobre Perejil a las que no iba nadie, todo en medio de la festividad de la boda del Rey… Era una contradicción absoluta que estuviésemos mandando al Ejército mientras allí no ocurría nada y me pareció interesante que los lectores españoles lo supieran.

P: ¿El Perejil ha dejado algún tipo de huella en la sociedad marroquí?

R: Anecdótica. Siempre se vio como un chiste y sigue viéndose así. No ha quedado ningún poso de rencor ni de rechazo porque nunca lo hubo.

P: ¿Cómo se vive al otro lado de la frontera la situación de Ceuta y Melilla?

R: Es un tema que se puede hablar, pero desde Marruecos Ceuta y Melilla son marroquíes, no hay ninguna duda. Es como el tema del Sahara. Resulta muy difícil discutir con ellos cuestionando su marroquinidad y, aunque no es una cuestión prioritaria que haya que discutir ahora mismo. En estos momentos la prioridad es el Sahara porque Mohamed VI quiere pasar a la Historia resolviendo ese conflicto como su abuelo lo hizo con la Marcha Verde.

P: ¿Sería algo así como Gibraltar para los españoles?

R: Hay gente que lo compara, y de hecho la prensa y los partidos nacionalistas marroquíes lo hacen constantemente. En la calle no es tanto así, pero se rechaza tajantemente una hipotética consulta a ceutíes y melillenses.

P: ¿Usted cree, como se ha publicado en Francia, que el Tanger-Med se crea para ahogar económicamente a las ciudades autónomas?

R: Va a ser una infraestructura muy potente y competitiva que debería ser un motor económico para el norte del país, aunque sus verdaderas repercusiones están por ver.

P: En campaña electoral la UDCE-IU proponía que Ceuta y Melilla fuesen un polo de gestión de las ayudas de la UE en Marruecos. ¿Cree que el país vecino lo aceptaría?

R: No creo. Simplemente la demanda de los presidentes autonómicos de estar en las reuniones bilaterales de alto nivel ha sido inaceptable. Yo creo que lo máximo que puede aceptar Marruecos es la visita del presidente Zapatero, a pesar de que ya entonces se tomó como una provocación de mal gusto, aunque la Casa Real, que es lo que importa, no manifestó ni enfado ni rechazo. Fue un avance, pero institucionalizar cosas así no lo veo nada factible.

P: ¿Francia ha gestionado mejor para sus intereses nacionales que España su salida de Marruecos?

R: Ha habido una diferencia de trato evidente. Francia ha mantenido una presencia tanto desde el punto de vista cultural como económico mucho más fuerte. Supieron retirarse estando siempre un poco presentes, con una relación personal muy intensa entre Chirac, porque la etapa de Mitterrand fue otra cosa, y la Casa Real. Ahora, por ejemplo, se ha hablado muchísimo de las elecciones francesas. Aunque Sarkozy fuese un candidato con posturas muy contundentes sobre la inmigración la sociedad marroquí es muy conservadora y un cambio como el que proponía Segolene Royal era excesivo hasta cierto punto. En la calle hay mucho miedo a lo que pueda ocurrir con el tema de la inmigración en Francia, que pueda haber más represión o acoso, porque si cumple todo lo que ha prometido puede ser muy dura la situación.

P: ¿España se lleva ahora mejor que nunca con Marruecos?

R: Yo creo que estamos incluso mejor que con Felipe González, pero no lo estamos aprovechando. Con González había una relación más sumisa hacia Marruecos porque a veces pensamos que Rabat está constantemente intentando agradarnos, pero no es así para nada. Los marroquíes saben que a nosotros también nos interesa tener buenas relaciones con su país. Ahora tenemos una relación, como decía antes, más de igual a igual, pero no se profundiza. La crisis de la inmigración, por ejemplo, se resolvió muy mal.

P: ¿Por qué?

R: España debería haber tenido una postura contundente con la evidente violación de derechos humanos que se estaba produciendo, pero nos limitamos a decir que lo estaban haciendo muy bien.

P: Desde aquí el cambio de actitud marroquí hacia el fenómeno migratorio se vio como un intercambio de dinero por presión policial

R: Siempre ha sido un poco así. Hace cinco años se decía que Marruecos abría y cerraba el grifo en función de las ayudas de la UE, pero lo cierto es que se le han hecho mil promesas y pocas de ellas se han cumplido a pesar de que Marruecos está haciendo un esfuerzo humano y material de control de la inmigración enorme, aunque no responde a una política de control de la inmigración seria sino a un ‘¿esto a cambio de qué?’.

P: ¿La situación de los inmigrantes en Marruecos ha empeorado desde septiembre de 2005?

R: Sí, muchísimo. Sus derechos fundamentales se violan sistemáticamente y la propia ACNUR, aún de forma muy suave porque saben cuáles son sus líneas rojas para no tener que cerrar su oficina en Rabat, lo ha denunciado. Desde 2005 la situación de los subsaharianos ha ido siempre a peor.

P: Como periodista, ¿cuáles son sus líneas rojas?

R: La vida personal del Rey es, por ejemplo, una línea roja evidente. Además hay temas ‘delicados’: la cuestión del Sahara, la inmigración en momentos puntuales, la religión en función de cómo lo trates... En mi trabajo diario nunca he tenido en cuenta esas líneas, aunque esos temas delicados intento gestionarlos de la manera más objetiva y directa posible. He recibido toques de atención cordiales puntuales, pero en ningún momento ha peligrado la renovación de mi carné de periodista o mi tarjeta de residencia. En cualquier sitio hay temas sensibles y en Marruecos, que es un país en desarrollo, también.
 

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