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OPINIÓN - SÁBADO, 23 DE JUNIO DE 2007

 

OPINIÓN / SNIPER

Tetuán: onomástica del Rey
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

Una ligera brisa sacudía, con delicadeza, el arbolado de los jardines de la residencia oficial del Cónsul de España en Tetuán, flameando la bandera roja y guarda que tremolaba, airosa, sobre el mástil de la entrada mientras la luna, moruna y coqueta, rielaba en las tranquilas aguas de la piscina. Anteayer jueves, a las 19.30 de la tarde (hora local), un discreto pero perceptible cordón policial de seguridad acordonaba los alrededores de la mansión mientras funcionarios del consulado, impecablemente vestidos, atendían la entrada. El cuerpo diplomático destacado en la antigua capital del Protectorado español y presidido por el actual Cónsul, Jiménez Ugarte, esperaba a pie firme a los invitados, mientras sobre un leve altozano situado al fondo los retratos de los dos Reyes, Don Juan Carlos I y S.M. Mohamed VI, flanqueados por las banderas de los Reinos de España y de Marruecos, parecían supervisar la escena.

Con una cuidada y detallista puesta en escena, el Consulado de España en la blanca paloma de la Yebala quería rendir los honores a la Fiesta Nacional que, por motivos de delicadeza al no querer hacerlo coincidir con el Ramadán (sagrado mes de ayuno para los musulmanes) de este año se decidió, con buen criterio, a trasladarlo al día de la onomástica de Don Juan Carlos, anteayer jueves. Tras unas palabras de salutación a las autoridades presentes (encabezadas por el “wali” y otros altos cargos de la Administración marroquí), nuestro cónsul desgranó en su estudiado discurso una cálida bienvenida, deseando lo mejor para ambos Soberanos y sus pueblos respectivos no sin antes expresar unas sinceras palabras de elogio, subscritas sin duda por todos los presentes, para el acelerado y perceptible desarrollo de la Península Tingitana firmemente emprendido por el joven soberano alauí y Comendador de los Creyentes, Mohamed VI. Los himnos nacionales de Marruecos y España (el nuestro, ¡qué pena!, sin letra) vibraron en el aire, poniendo un emocionante broche final al acto oficial que fue seguido con atención por los asistentes, entre los que se encontraba una significativa parte de la colonia española así como una amplia representación de la sociedad tetuaní.

Acto seguido los numerosos invitados, a las que decido no poner nombre pues inevitablemente iba a dejarme muchos en el tintero, pasaron a degustar un abundante aperitivo profesionalmente servido por una empresa de restauración del país. ¿Qué puedo contarles?. Hombre, había corrillos, los cotilleos de costumbre, con nuestros diplomáticos intentado atender, afanosos, a unos y a otros. Si había algo destacable este año sería, a mi juicio, la nutrida representación oficial marroquí -indudable éxito personal del cónsul en persona-, que quisieron sumarse con su presencia -y es de agradecer- a la onomástica del Rey de España cuya figura siempre ha sido positivamente valorada, aun en los momentos más bajos de las relaciones bilaterales, tanto por el pueblo llano como por la clase dirigente marroquí. No hay la menor duda de que Don Juan Carlos I es junto a Doña Sofía, como se ha demostrado en numerosas ocasiones, nuestro mejor activo diplomático. Cuidémoslo.
 

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