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OPINIÓN - LUNES, 25 DE JUNIO DE 2007

 

OPINIÓN / SNIPER

El espíritu de Essauira
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

A la altura de Marrakech pero en la costa y a unos 475 kms. al sur de Rabat, entre Safi y Agadir, se encuentra la fascinante villa de Essauira, “La bien diseñada”, ciudad blanca y brillante bajo la luz del sol, rodeada de campos de dunas en una región que durante el siglo XIV de la Era Común fue escenario de cruentas luchas entre la población beréber autóctona y los “señores” locales, tal y como podemos leer en León el Africano. La antigua Mogador portuguesa de 1.506, con sus baluartes y cañones, fue refundada en 1.760 por el sultán alauí Mohamed Ben Abdalla como contrapeso a la insumisa Agadir; de hecho, los rebeldes beréberes de la región no pasaron a integrarse en el Makhzen tras ser rendidos por la fuerza de las armas francesas durante el Protectorado, en 1.927. Con indicios de restos prehistóricos, en el siglo I a.d.e.c. el asentamiento era ya famoso por la producción de salazones pero sobre todo púrpura, colorante muy apreciado primero por cartagineses y fenicios y luego por romanos. Con aun importantes astilleros, el puerto de Essauira es el tercero en el ranking nacional de captura de sardinas además de ser la zona una importante reserva natural, refugio entre otras especies protegidas del Halcón de Eleonor.

Pero como intuirán yo no pretendo -solamente- llamar su atención y sugerirles una gira turística a la pintoresca ciudad -con un benigno clima-, de la que puedo asegurarles no volverán defraudados. Mi intención es glosar en estas líneas la décima edición del “Festival Gnaoua de Essaouira”, que precisamente se clausuró anteayer. Creado en 1.998 el llamado “”Woodstock marroquí” ha logrado alcanzar un renombre internacional, pasando de veinte mil seguidores en sus comienzos a más de medio millón en la actualidad. Essauira lució estos días sus mejores galas, con la participación de veinticinco grupos y centenares de artistas venidos del mundo entero, que vistieron sus teatros y plazas (una decena de escenarios, dos de ellos al aire libre) de música y alegría, junto a una panoplia de exposiciones, documentales y conferencias.

Festival Gnaoua de Essauira, Festival de Música Sagrada de Fez, Jornadas Internacionales de Cine de Marrakech, Encuentros Culturales de Asilah… Marruecos, puente de culturas, busca de la mano de su joven soberano Mohamed VI encardinarse en la moderna dinámica del mundo actual ofreciendo, desde su tierra, frutos maduros y de calidad, aptos para ser degustados por propios y extraños pese a que en el camino se alcen, agriamente, voces insolentes, dogmáticas y retrogradas por todos conocidas que, procedentes de corrientes radicales, sectarias y extremistas dentro del Islam, intentan ahogar con lecturas sesgadas y oscurantistas del Corán estas innegables muestras culturales de tolerancia y buen gusto que el pueblo marroquí, abierto de por sí, ofrece generosamente para el disfrute de sus propios hijos y de la numerosa comunidad extranjera, turista y residente, que vive hoy en estas tierras, compartiendo sudores y alegrías, temores….. y esperanzas.
 

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