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OPINIÓN - LUNES, 25 DE JUNIO DE 2007

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

Los guadaespaldas
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

No es profesión de moda, pero si muy solicitada en las últimas semanas, especialmente tras la ruptura de la tregua de ETA.

Hoy son necesarios cada vez más, por cuanto el círculo al que se han extendido las amenazas es cada vez más grande.

Mi sorpresa ayer fue el encontrarme a un amigo de hace muchos años, ya metido en los 40 y que está también en esta bendita profesión.

Es una profesión, posiblemente, bonita, pero hoy por hoy es de las más peligrosas que hay, porque ellos lo primero que tienen que hacer es cubrir totalmente a su protegido, arriesgando su vida y protegiendo con su propio cuerpo, llegado el caso, frente a unos salvajes matones o a unos mercenarios bien pagados y sin escrúpulos.

Los guardaespaldas no sólo tienen que enfrentarse a desalmados, fuera de la ley, sino a otros tipos de personas que parece, en teoría, que están dentro del sistema, con lo que el trabajo es más complicado todavía. Hace solo una semana hemos tenido un caso problemático, pero real, en Madrid, donde guardaespaldas de un empresario de postín y otro tipo de “ funcionarios” terminaron en comisaría.

Se podrá decir que estos están bien pagados, puede que sí, pero al comienzo de la actividad hay que pasar por situaciones más que complicadas.

Aquí, y esto hay que decirlo, están bajo el control de empresas privadas, no son cuerpos oficiales, aunque generalmente están protegiendo a cargos oficiales, o a personajes de alta empresa, con lo que están en puestos de máxima responsabilidad.

La formación ha variado en los últimos años, y la utilización de armas depende en qué tipo de servicio van a actuar. Las empresas forman, informan y marcan las actuaciones que deberán seguir en casos extremos.

El verano, y lo escribíamos ayer, ha traído, además de calor, una serie de preocupaciones que de rebote van a influir en la actividad de estos hombres y mujeres que van a tener mucho que hacer, bastante que mirar y desde luego no será la suya una gran tranquilidad si la situación no cambia el ambiente que se ha generado.

Y ya es lamentable que siempre vengan las preocupaciones de parte de los que rompen el orden establecido, para que las gentes de bien, los profesionales de verdad tengan que actuar fuera del campo de la normalidad que sería lo exigible.

Hace mucho tiempo y siempre con la honradez por delante me decía uno de los guardaespaldas de un alto cargo en una comunidad autónoma del centro de la península, que lo malo no era actuar cuando hay muchos problemas anunciados, entonces, me decía, tienes todos los ojos puestos en lo que puede ser el problema, lo peor es cuando en situaciones aparentemente normales, aparecen incontrolados, no fichados, que rompen todo el trabajo previsto y te encuentras casi sin saber a donde tienes que atender en primer lugar.

La profesión, repito una vez más, tiene riesgo, tiene mucho que ver cada día y no tiene un instante de tranquilidad en ciertas partes de nuestro territorio.

A este respecto, recuerdo la visita a Ceuta de Carlos Iturgaiz hace tres o cuatro años, él era un político importante de Euskadi y decía que en esta ciudad no harían falta ni escoltas ni guardaespaldas. Y no me extraña nada, porque acostumbrado a sus viajes diarios por su comunidad autónoma rodeado de personas que le protegieran, un paseo por Ceuta venía a ser algo así como una visita por las inmediaciones del Paraíso.

Lo que más me agradaría a lo largo de todo el verano es no tener que volver a escribir sobre estos hombres, porque ello sería el síntoma inequívoco de que la tranquilidad había existido para todos y nadie había tenido que hacer trabajos extras no deseados.

Estamos por consiguiente hablando de gentes que tienen una misión vital para el mantenimiento de la normalidad, la pervivencia del orden y la defensa de unas personas que representan algo en la política, la economía y toda la marcha del sistema en nuestras tierras.
 

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