PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - JUEVES, 28 DE JUNIO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Situaciones chocantes
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Antes de que Helenio Herrera llegase a España los entrenadores eran, más o menos, unos ceros a la izquierda. Pasaban tan inadvertidos que ni siquiera su participación en el partido servía como válvula de escape frente a una realidad trágica: los españoles vivían obsesionados por sentimientos de culpabilidad, porque no hay peor resaca que la que sigue a una guerra civil.

Sin embargo, en aquella España miserable, gris, llena de estraperlistas y de personas muriéndose de tuberculosis a chorros, Helenio Herrera, apodado “El Melenas”, cambió radicalmente el concepto que los aficionados tenían de los entrenadores de fútbol.

Fue llegar al Real Valladolid, en 1948, y hacer que todas las miradas de los espectadores convergieran en su figura. Consiguió que se hablase de él antes, durante y al finalizar los partidos. Dio titulares a los periódicos y, sobre todo, les hizo comprender a los jugadores que podían rendir mucho más si se concienciaban que eran mejores que los rivales. Que no bastaba con ser superiores sino que era imprescindible creérselo. Eso sí: todo ello adobado con entrega absoluta, voluntad a raudales y un espíritu de sacrificio forjado a ley.

Allá donde estuvo, y estuvo en muchos equipos españoles, la pasión se desataba, los campos se llenaban y él acaparaba todas las críticas, las broncas y los aplausos de unos espectadores que vieron en “El Mago” al hombre ideal sobre el cual descargar sus iras o colmarlo de parabienes y sonrisas.

Con HH los entrenadores comprendieron que el ser del técnico no se limitaba a hacer unas alineaciones y presenciar cómo sus jugadores daban vueltas alrededor del campo, sino que debían participar en muchos otros cometidos. Entendieron pronto que estaban obligados a hacerse respetar por encima todo. Y que se imponía acogerse a lo del palo y la zanahoria. Una medida, convertida en tópico, pero que daba y sigue dando muy buenos resultados.

También se dieron cuenta los técnicos, observadores permanentes de don Helenio, que los sistemas tácticos, bien trabajados y adaptados a las posibilidades de sus futbolistas, daban los mejores frutos. De ahí que se pusiera de moda el jugar al contraataque. Todo ello a partir de una defensa compuesta por defensores férreos; un medio campo, zona vital, manejado por una estrella junto a uno o dos laboriosos acompañantes, y unos delanteros tan rápidos como eficaces. ¿Quién no se acuerda de aquel Inter de Milán, dirigido magistralmente por Luis Suárez?

En suma: que Helenio Herrera fue el hombre que puso en órbita el papel de los entrenadores. Gracias a él éstos fueron tenidos en cuenta y se les concedió una importancia que terminó redundando favorablemente a la hora de exigir sueldos astronómicos. Aunque es bien cierto que asimismo se convirtieron, de la noche a la mañana, en los profesionales más criticados y en ocasiones, como es el caso de Fabio Capello, perseguidos y vilipendiados por periodistas que no saben ni papa de lo que hablan o escriben.

Esta semana, precisamente, estamos asistiendo a un linchamiento del técnico italiano; una nueva arremetida contra él por parte de la prensa madrileña, a fin de evitar que se pudiera producir el que Ramón Calderón, presidente del Madrid, en un acto de cordura, dijera que Capello sigue. Lo cual sería más que normal.

Lo anormal, por ejemplo, según lo que estoy oyendo y leyendo, es que Miguel Ángel Lotina, entrenador que ha descender a la Real Sociedad, dirija al Deportivo de la Coruña. Una situación que, hace años, resultaría incomprensible. Pues a Lotina se le hubiera aconsejado una retirada prudencial para que expiase su culpa por el fracaso en San Sebastián. Que alguna tendrá...
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto