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OPINIÓN - DOMINGO, 1 DE JULIO DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

La vieja del candilejo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Obra en mi poder, desde 1986, El Polémico Dialecto Andaluz: libro escrito por José María de Mena, catedrático de fonética. Tras veinte años, me he dado cuenta de que tan estupendo ejemplar empieza a dar señales de un alarmante envejecimiento. Debido, mayormente, a que lo he usado muchísimo -pues siempre ha estado situado en anaquel dispuesto a dejarse ver- y nunca me he preocupado de aliviar sus síntomas evidentes del deshojamiento que se avecinaba.

Todo un error por mi parte y que viene a demostrar, una vez más, que los hombres solemos ser desagradecidos con los medios que nos proporcionan momentos gratificantes. Porque este libro, es decir, El Polémico Dialecto Andaluz, cuya portada se acaba de desgajar en este preciso instante, me ha servido para empaparme no sólo de cómo entre los años 1900 y 1936 perdió Andalucía una gran ocasión de elevar el habla regional a la categoría de lengua escrita literaria, como lo son otras hablas peninsulares; sino que me ha permitido conocer las innumerables frases andaluzas y las muchísimas locuciones adverbiales, amén de vocabulario, de una tierra cuyos mejores escritores se avergonzaron, en su momento, de hacer literatura con su lengua.

Válgame la introducción, porque mientras estaba valorando los desperfectos del libro, no he podido resistir la tentación de ponerme a leer la sección correspondiente a locuciones adverbiales y frases hechas andaluzas. Y, de entre ellas, me he quedado con la siguiente: “Sus, que le crujen las rodillas”. También se dice, “guarda, guarda, que le suenan las choquezuelas”.

Vayamos, pues, con la explicación: lo de las choquezuelas es la frase que pronunció la Vieja del Candilejo, cuando desde su ventanuco vio cómo dos caballeros se batían y uno de ellos mataba a su rival, y cuando el hijo de la vieja quiso salir a recoger el candil que se le había caído a su madre, y a identificar al matador, la vieja le advirtió que no lo hiciera, porque a quien le crujían las choquezuelas al andar, según sabía toda Sevilla, era al propio Rey don Pedro I.

La frase se sigue usando en Sevilla para advertir a alguien que no se meta en pleitos con un poderoso, porque puede salir malparado. Es paralela, la frase, en su significado a otras como “con la Inquisición, chitón”, o “con hermandad o cofradía no te metas en porfía”.

Pues bien, las rodillas nos suelen crujir ya a muchas personas, por causa del enorme desgaste que sufre esa articulación vital. Pero casi todas pasamos inadvertidas por algo tan simple como real: carecemos de poder para que la gente le preste ni oídos ni atención a ese chac..., chac que podría delatar nuestra presencia en los sitios. En cambio, si por un casual a Pedro Gordillo le crujiesen las rodillas, no habría más remedio que decir de él, en según qué momento, lo que la Vieja del Candilejo puso en conocimiento de su hijo: “Guarda, guarda, que le suenan las choquezuelas”.

Lo cual no quiere decir, bajo ningún concepto, que el vicepresidente del Gobierno local y presidente del Partido Popular, amén de otros cargos e influencias, sea especie protegida. Puesto que ello sería malinterpretar mis palabras. Ya que sus errores, los de Gordillo, claro es, cuando se demuestren que los son, han de ser aireados en la plaza pública de los medios. Faltaría más.

Mas es de escasa inteligencia creer que la cara de Gordillo es la más idónea para jugar al abejorro (Otra frase hecha que se dice de quien tiene la cara ancha y redonda como un pandero. Pues, antiguamente, se jugaba entre los chiquillos a un juego en el que se le daba al contrincante un golpe con un pañuelo en la cara, y naturalmente mientras más grande era la cara más fácilmente se le atinaba). Porque ello, además de injusto, sería peligroso. ¡Cuidado con Gordillo!
 

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