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OPINIÓN - DOMINGO, 1 DE JULIO DE 2007

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

Sangre en el ruedo

Por Jesús Carretero


Y con herida muy grave. Sucedió el pasado domingo en Tarascon (Francia).

El percance, de gravedad, le “cayó en suerte” a un jovencito, novillero con buenas maneras, Román Pérez.

Había toreado el sábado en Ávila una novillada nocturna. Al terminar el festejo, uno de los miembros de su cuadrilla, José Luis Barrero me animó para viajar hasta Francia. No lo dudé. Llené el depósito de gasoil y con ellos, en paralelo, hice el viaje.

Si para mí que estaba descansado, y con buen coche, el viaje fue duro, para los toreros, tras el “miedo” de un festejo que acababan de torear la cosa sería mucho más complicada.

Sin parar mucho, la llegada a Tarascón fue con el tiempo justito como para comer algo, poco, dormir un par de horas escasamente y a las seis y media de la tarde hacer un nuevo paseillo.

El cansancio, me consta, ya había pasado, pero ahora esperaba “ lo otro”, algo que no se sabe qué será hasta que haya terminado el festejo.

Y en esta ocasión, la “sorpresa” llegó antes de terminar con su primer novillo, el tercero de la tarde. Un pase de pecho, un extraño que hace el novillo y la cogida, cogida grave, y con consecuencias fatales de no ser por la suerte.

La cogida fue de dos trayectorias en el muslo derecho, con doce centímetros en cada trayectoria y rozando la vena SAFENA, de esto entienden bastante los que están metidos en el mundo del toro. Era cogida de las fuertes, para cualquier plaza con buenos servicios médicos, pero en una plaza como aquella, sin UVI MÓVIL y con una enfermería con las ventanas abiertas, más que enfermería parecía la entrada de un matadero.

Y estábamos en Francia, no en cualquier pueblecito de Galicia, Extremadura o Castilla. Además y para más INRI, desde que el chaval, que además con la cogida que tenía terminó la faena y cortó las dos orejas, digo que desde que al chaval lo sacaron, hasta que en NIMES lo pudieron intervenir, pasaron cuatro horas.

Esto, quiérase o no es inhumano. Las reglamentaciones marchan en cada sitio según les conviene, buscando que haya pocos gastos y sin importar que la vida de las personas esté en peligro.

Afortunadamente este joven torero, francés de nacimiento y salmantino de adopción, parece que ha salido del peligro y si bien es cierto que el día 1 de julio no estará en condiciones de torear, una semana más tarde volverá a hacer el paseillo en el festejo que le tiene contratado su apoderado.

Y debo repetir la gravedad de la cornada, 24 centímetros, en dos trayectorias en un muslo. Pero a los 20 días todo se habrá superado.

Cuando vemos esto, y son muchas las veces que lo hemos contemplado quienes seguimos el mundo de los toros, y quienes también seguimos de cerca el mundo del futbol, no podemos por menos de hacer una comparación y una pregunta ¿ Para cuanto tiempo tendría un futbolista con una lesión así?. Es difícil dar una respuesta clara, pero los tres meses no se los quitaría nadie, un torero en tres semanas ya estaría listo. Sin lugar a dudas, están hechos de otro tipo de carne. Esta es la realidad.

Esta es una de tantas cogidas graves con que nos vamos a ir encontrando, a lo largo de la temporada. Es cierto que si se trata de una figura tiene más publicidad. Cuando es un jovencito que va en busca de la fama, a veces no se entera nadie, muchas veces ni los propios espectadores que estaban en los tendidos.

Y cuando llegan casos de este tipo es cuando hay que valorar lo que de verdad es la fiesta de los toros. Una fiesta con muchas apariencias, pero con una realidad muy dura, una fiesta en la que se refugian muchos alrededor del traje de luces, cuando la oscuridad enturbia una gran parte de esa fiesta.

He ido cientos de veces a los toros, y de los espectadores que suelen asistir a un festejo son contados los que saben qué es eso. Quien más, quien menos, piensa que esos chavales, o menos chavales, que hacen el paseillo son millonarios, que son unos afortunados de la vida. La realidad es muy distinta, y basta con hacer una relación de los matadores que han intervenido en Madrid, o que van a intervenir en Pamplona, para darnos cuenta de que escasamente el 15% de ellos son ricos, menos del 5% son ricos de verdad, un 50% de ellos van pasando el tiempo, comiendo, viviendo y aspirando a hacerse rico, mientras que el resto lo único que peden hacer es pedir tabaco al de al lado o esperar a ver si cae alguien que le invite a un café. Y ¡¡Ojo!! Son matadores, con lo que los novilleros bastante tienen con hacer cuantos más paseillos mejor, y si un día tienen suerte no habrán arruinado al padre. En la mayor parte de los casos, tras muchos años de pueblo en pueblo, sufriendo lo que no está en los escritos, “ni oficio, ni beneficio”. Esta es la triste y cruda realidad de una profesión engañosa en la que es más difícil llegar a ser figura, que en la vida clerical llegar a ser obispo, por ejemplo.

Tenía ganas de escribir un día de toros, de la realidad de esta fiesta, para tratar de quitar esa nube que enmascara mucho la fiesta, que hace ver lo que no es, y que ni desde dentro se sabe conocer, ni desde fuera se atina al enjuiciarla.

Lo único que lamento es haber escrito sobre ello por la cogida de un chaval al que conozco y con el que va un amigo mío de verdad, que sintió en sus propias carnes la cornada como si se la hubiera hecho a él.

Ahora y como en pocos días Román Pérez volverá a estar en los ruedos, espero poder hablar de él y muy pronto, no por una cogida, sino por un éxito de los grandes, lo espero y lo deseo de verdad.
 

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