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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 4 DE JULIO DE 2007

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Recordar el pasado es vivir en el presente y caminar hacia el futuro. Sin pasado no existe ni presente ni futuro. La historia, de cada uno de nosotros, se empieza en el pasado, bueno o malo, pero es el inicio de cada historia y no puede haber historia si se carece de inicio.

Por eso cuando una amigo, de esos que tiene uno repartido por todos los lados, me llamó desde la Costa del Sol, para comentarme que, Antonio Sampietro, había escrito un libro haciendo referencias a su paso por nuestra tierra, inmediatamente volvió a mi cerebro aquella campaña que se llevó a cabo con la llegada del GIL.

¿Quiénes fueron los causantes de que el GIL viniera a presentar su candidatura a Ceuta y apareciera al frente de ella, Sampietro?. Todos ellos tienen nombres y apellidos. Gentes de Ceuta, de esas que siempre han tenido en sus labios el gran amor que tenían por su tierra a la que querían más que a su propia vida, que se largaron a Marbella a rogarle a Jesús Gil que apareciera por esta tierra porque su presencia era necesaria para salvarla del caos en que estábamos inmersos. Y que conste, en acta, que no se les cayó la cara de vergüenza.

Ya apreció el GIL con toda la parafernalia del mundo, prometiendo todo lo que podía prometer y más, cosa que aplaudían a rabiar todos esos que habían estado en Marbella rogándole que viniese a salvarnos.

Nos prometieron un hospital, cosa que no podían hacer, hoteles de superlujo que serían arrastrados a una u otra bahía, la unión de los dos mares que podríamos pasear en barca mientras los gondoleros nos cantaban o algo así y, por si fuera poco, caballos y perros. Los perros vinieron, ya creo que vinieron y, algunos, me parece que aún están por estos lares. Los caballos no pudieron hacerlo porque les estaban poniendo los frenos de mano, en Alemania, para poder bajar la calle Real.

Doce mil incautos picaron en el anzuelo y recibieron con la mayor de las alegrías la aparición del GIL en nuestra tierra. Sólo unos pocos no picamos en ese anzuelo lazados por los cuentistas y animados por los ceutíes que fueron llorando a Marbella para entregarles nuestra tierra en bandeja de plata.

Y de esos que no picaron el anzuelo y se pusieron frente al GIL desde el primer momento, se encontraba el editor de nuestro periódico, Cañamero y servidor. Fue una lucha sin cuartel, donde el editor se jugó muchos millones de pesetas y nosotros dos toda clase de amenazas, incluidas la de muertes.

Otros, de esos que tanto quieren esta tierra, incluso más que a su propia madre, optaron por pegarse al GIL y realizarle una buena campaña. Poderos caballero es don dinero, para que algunos desdeñaran el apoyo a esta opción política.¡Menos mal que, para todos ellos, Ceuta está por encima de cualquier cosa y que la quieren más que a su propia madre!.

José Antonio Muñoz, Cañamero y servidor al que se uniría, algo más tarde, Manolo de la Torre, sin quererla tanto como todo esos falso e hipócritas, luchamos contadas nuestras fuerzas para que no gobernara el GIL. Por cierto y testigo tengo de ello, rechacé una gran cantidad de dinero que me ofrecieron en Marbella.
 

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