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OPINIÓN - VIERNES, 13 DE JULIO DE 2007

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

¡Medusas!
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Tragedia turística estival: en las playas malagueñas atacan las medusas y en un par de días doscientos bañistas han sido atendidos por las picaduras, el prurito, la inflamación, la reacción alérgica y demás. Los socorristas están advertidos y cuentan con botiquines, pero también llegan ambulancias y personal sanitario que tiene que bregar con el furor del perjudicado.

Autóctonos y vacacionantes abominan e increpan, en primer lugar a las Autoridades, que, a la postre, siempre son culpables de “algo” y tienen que aguantar rasca y en segundo lugar al cambio climático y a quienes arrojan basura a la atmósfera, pasando, lógicamente, por las madres de cuantos pueblos vierten sus meados en el Mare Nostrum, señoras cuya respetabilidad y uso de la labor de la ingle se pone en duda. No obstante, se comenta que, en los lugares cuyos mandamases son talentosos y precavidos, se ponen redes y artilugios para no dejar pasar a los bichos. Aquí no es el caso.

Aquí se ponen banderas blancas con una medusa pintada en morado y el que se remoje los bajos, allá él y que no se queje, porque, la gente es vacilona y trabajosa y pasa de las advertencias.

¿Remedios? En mis tiempos se echaba un chorreón de vinagre o agua del mar.Ahora privan los antihistamínicos, las Urgencias y el miedo a una reacción multialérgica con fracaso cardiorespiratorio. Se ve que, la raza, se reblandece porque, en mi Nador, los niños rifeños convivíamos con las llamadas “aguasmalas” con absoluta normalidad e incluso las recogíamos cuando batía la levantera y los mares se alborotaban. Pero tampoco las aguas cristalinas e incontaminadas de Karias o de Saidía tenían nada que ver con el pozo de excrementos de guiris que son nuestras “llamadas” playas donde, a un metro de la orilla se huele a fritanga de pescado y a bronceador, que no a mares salinos y yodados. De hecho, cuando, en estas latitudes, se percibe perfume marino, las gentes se encandilan, alzan el pecho, abren los pulmones y respiran gratis con ansiedad comentando con embeleso “Mira, huele a mar”. Que no a smog hediondo de los miles de coches que profanan los paseos marítimos, ni a gasolina requemada de los quad, ni a sobaquina atufante del vecino de sombrilla ¡A mar!.

Y, es algo tan sorprendente y novedoso como lo es el rescatar aromas de antaño... Las Semanas Santas impregnadas en azahares, hasta que, el alcalde, mandó arrancar los naranjos centenarios ; las casamatas con muros cuajaditos de jazmines, madreselvas y dama de noche, hasta que, esas deliciosas muestras arquitectónicas perecieron gracias a la especulación inmobiliaria para ser sustituidas por colmenas de estudios de treinta metros para que, los tiburones, se forren los huevos y que vivan los ladrillos y el cemento, que no piden pan, mientras que los jardines y los parques hay que cuidarlos y encima le quitan espacio a las gruas y a las hormigoneras. ¿Qué si yo tengo miedo de las medusas? No es el caso porque jamás me refrescaría en las turbias aguas de estas playas, cuido mi salud, porque no tengo otra de recambio. Lo que si me atemorizan son los PGOU, porque, una aguamala me puede picar, me echo vinagre, me rasco y denuesto un poco, pero, la destrucción del patrimonio arquitectónico de un lugar, que es su patrimonio cultural, que son raíces, alma e historia; la tala de los grandes árboles del que fuera umbrío y misterioso parque, las veleidades de los horteras reveníos electos en urnas, eso me apena y me hiela el corazón.

Ver sobresaturar de cemento las ciudades, mientras se plantan áridas “zonas verdes” de compromiso, la aburrida sosez de los campos de golf y las amenazas de convertir la riqueza de fauna y flora autóctona de la Costa del Sol , nada más y nada menos que, en “Costa del Golf”, para que cuatro pijos y tres jubilados ingleses jueguen a darle a la pelotita a costa de destruir la naturaleza, eso me escuece infinitamente más que el ataque medusil.Y me angustia mucho más que la bandera blanca con el bicho morado, ver como, de otra antigua mansión, comienzan a llevarse maravillas de hierro forjado de ventanas y balcones para apuntar ruina y construir apartamentos. Aquí, en verdad, las medusas son el menor de nuestros problemas.
 

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