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OPINIÓN - SÁBADO, 14 DE MAYO DE 2007

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

Miguel Ángel Blanco
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

Ya ha hecho diez años de su asesinato. Hace diez años y tres días que varios canallas segaron para siempre la vida de un joven que el único delito que había cometido era ser concejal de Ermua por el PP.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco fue la mayor canallada que hasta entonces había cometido la banda asesina, y eso que para entonces ya había cometido muchos atentados y habían muerto muchas personas en sus acciones. ETA puso una tregua, unas condiciones y cumplió con su macabra acción.

Sin embargo aquel asesinato fue el despertar de la población para plantarse ante la banda asesina y formar las manifestaciones más numerosas que jamás se habían visto en España.

Las manifestaciones recorrieron las calles de las principales ciudades del país y muy especial fue la de Bilbao, en la que en su propio feudo se plantó cara a la banda cobarde de asesinos.

De esto ya hace diez años, diez años que no han podido borrar de la mente sensata de los españoles de bien especialmente la imagen del padre de Miguel Ángel cuando, sin saber nada de lo que sucedía, llegaba a su casa y le estaban esperando a la misma puerta decenas de periodistas.

La muerte de Miguel Ángel Blanco fue un crimen especialmente cruel que marcó un punto de inflexión en la lucha antiterrorista. Fue el instante desde el que se miraba hacia atrás, sobre lo que había habido y se proyectaba la vista hacia el futuro, sobre lo que podría haber más tarde.

En este asesinato hubo una sensación de firmeza por parte del Gobierno, cuando no cedió ante el chantaje de los asesinos, porque tenía por detrás a una gran parte del pueblo que tampoco quería que se cediera.

Hoy, diez años más tarde, vemos donde y como nació el “Espíritu de Ermua”, un nacimiento como reacción espontánea de los ciudadanos, de cualquier parte de España, dispuestos a enfrentarse de una forma democrática ante la barbarie de los desalmados etarras.

Hoy, el Espíritu de Érmua sigue vivo y el joven Miguel Ángel Blanco sigue en la memoria de todos. El Espíritu de Ermua surgió de la rabia que produjo aquella muerte y nació como un espíritu insuperable, capaz de hacer frente al devastador terrorismo, y lo que es más, capaz de unir a unos y a otros con el único objetivo de poder derrotar a ETA.

El pasado miércoles, el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, nos exhortaba a transmitir a las nuevas generaciones lo que supone el Espíritu de Ermua, el despertar de la rebelión ciudadana que no se amilanó ante los asesinos. El Espíritu de Ermua ha cumplido ya diez años y tiene que cumplir otros muchos. No puede quedarse ahí, por mucho que ciertos sectores, los que más interés debieran tener en que siguiera, le hayan dado últimamente la espalda.

Con el Espíritu de Ermua se está de espaldas a que la banda terrorista y sus acompañantes recuperen los niveles de expansión y de legitimidad social que habían tenido antes de 1997.

Estamos a mediados de julio de 2007, y un poco antes de mediados de julio del año 1997 hubo cuarenta y ocho horas de angustia para toda España, fueron las cuarenta y ocho horas transcurridas entre el secuestro y el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Y ahora, cuando hace diez años, que se ven lejanos en el tiempo, pero cercanos en las impactantes imágenes que vivimos entonces, la banda terrorista ha estado a punto de volver a cometer otra masacre, con Aritz Arginzarriz Zibiaurre a la cabeza, en Santander.

Bien que haya sido una casualidad, o lo que haya sido, lo cierto es que el “liberado” – a sueldo de la banda- ha sido detenido, de lo que nos alegramos.

Aquí el objetivo parece que era Santander, tal vez, un aparcamiento público en el que pensaban colocar un coche bomba que hubiera perpetrado otra matanza. Por eso la detención de Aritz Arginzaurriz es una gran noticia.

Esto, afortunadamente se ha frenado a los diez años y tres días de aquel asesinato de Miguel Ángel Blanco.
 

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