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OPINIÓN - DOMINGO, 5 DE AGOSTO DE 2007

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Pedro Román y la España que hiela el corazón
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

En el genuino “Año Malayo” en el que, por vez primera en nuestra Historia, autos y resoluciones judiciales han sido pasto de tertulias de la casquería del corazón y más concretamente, en este mes agosteño y malayeño, donde, dicen en los mentideros y en las alcantarillas que, si los piojosos chusmones de Eta ponen “la bomba”, lo mismo, para minimizar el impacto sueltan la golosa bomba mediática de encarcelar a la Pantoja en el módulo 7 de aislamiento de Alhauvips de la Torre, chapada, pero rodeada de obras de arte en esa especie de cárcel-museo. En este agosto tórrido, más caluroso aún en la olla que forma la finca La Moraga que es donde se encuentra el elitista Centro Penitenciario, hablo y dialogo con mi viejo amigo Pedro Román. Una de las víctimas señeras de ese juez Miguel Angel Torres, que tanto y tan buenos momentos ha regalado a los espacios del corazón y la bragueta, tipo Dolce Vita y esperpentos similares y después de escuchar a este hombre de bien, declaro de nuevo mi más profunda, absoluta y total hostilidad hacia el tal Torres. Y sé que, mi postura, me aleja de los plumillas y de los paparazzis, asícomo de la de los opinadores de casquería jurídica, esos seres doctorados en carnaza y despojos rosas y sanguinolientos. Eso sí capaces de alternar sus opiniones acerca de lo tremendo que está el Darek polaco de la indefinible Ana Obregón, con estúpidas versiones de los documentos de la Operación Malaya, autos que, al parecer, están y han estado siempre a disposición del primer manguncio que tuviera a bien tirar de ellos y exponerlos en la caja tonta.

¿Qué de que acusan exactamente a Pedro Roman cuando, desde 1997 está prácticamente desvinculado de Marbella y de lo marbellero? Pues le acusan de algo tan nebuloso e indemostrable como es la temible figura jurídica de “blanqueo de capitales” en una vulgar operación inmobiliaria. Eso sí, la acusación queda desvirtuada desde el momento en el que “nadie” acusa a Pedro Román de que, el dinero de la operación tuviera procedencia ilícita, ni venía del tráfico de armas, ni del tráfico de drogas, ni del proxenetismo, ni de redes internacionales de pedófilos vía internet. Para “blanquear” en plan “Ariel lava más blanco” los dineros tienen que proceder de delitos y ser más negros que la pez. Pero, el juez Torres, a quien los tertulianos adoran, tomando su sosez por “hermetismo” y llegando a llamarle “carita de pulpa de tamarindo” “justiciero de Marbella” y hasta “Adelantado en el Movimiento Nacional”... No. Disculpen, el entusiasmo por los halagos almibarados me lleva a tal paroxismo terminológico que confundo hazañas bélicas, en verdad, la que lleva el título de “Gloriosa adelantada en el Movimiento Nacional” es la Ciudad Autónoma de Melilla, donde se produjo el Alzamiento el 17 de julio, con nuestro Ejército en Africa comandado por el Franquillo, mientras que, en la Península fue el 18 de julio. El juez Torres, repito, maltomó la presentación voluntaria de la víctima y de su hija, les hizo detener de inmediato y, el padre, Pedro Román, prestó declaración mientras, su niña, lloraba encerrada en unos calabozos en los que, les juro, no consentirían ustedes ni meter a sus mascotas. ¿Qué tomarle declaración a un padre mientras su hija está encarcelada es inhumano? Por supuesto. Y yo, como celtíbera e hispanorrifeña-calorra, por raza y por condición, considero bienaventurados a los que son injustamente perseguidos por la Justicia, bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados y, como odio que machaquen, victimicen y se ensañen con las criaturas, con “cualquier” criatura, como cristiana, mi corazón y mi espíritu están y estarán siempre con los que padecen los excesos, las arbitrariedades y los temibles abusos de los Poderosos. ¿Qué tipo de libertad declarando puede tener un progenitor que sabe que, su hija, está sufriendo un dolor atroz? Y esto ha pasado en nuestra España en el siglo XXI. En la España machadiana que nos hiela el corazón.
 

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