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sociedad - MIÉRCOLES, 22 DE AGOSTO DE 2007


inmigrantes. m.z..

inmigracion / una treintena de inmigrantes se ‘rebelan’
 

Uno de los bangladeshíes
huidos del CETI, internado en el hospital del INGESA

El inmigrante padece una dolencia
cardiaca. El grupo dice preferir “morir”
a volver a su país
 

CEUTA
Gonzalo Testa
gonzalotesta@elpueblodeceuta.com

El grupo de 38 inmigrantes que salió huyendo del Centro del Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) el pasado sábado después de que advirtiesen, al ver cómo les eran retiradas las tarjetas que les permiten salir y entrar del mismo, la próxima visita de una delegación diplomática de Bangladesh, su país de origen, y que permanecen desde entonces escondidos en las zonas boscosas que rodean el centro perdió ayer a cinco de sus miembros. Cuatro de ellos volvieron obligados por su debilidad física al CETI y uno más fue ingresado a mediodía en el hospital del Ingesa aquejado de una dolencia cardiaca, según detallaron a EL PUEBLO los propios inmigrantes ayer por la tarde.

Aunque la Delegación elevó el número de ‘deserciones’ a veinte y dejó entrever que el grupo volverá “pronto” al CETI los ánimos en el colectivo no están por esa labor. “Preferimos morir en Ceuta antes que regresar a Bangladesh”, asegura con firmeza Mahamud Junman, que ha pasado en el CETI más de dos años de los 23 que tiene de vida.

El sábado por la cabeza de Junman, como por la de Amir Hossain, padre de dos niños, o por la de Salauddin Khandkhar, pasaron las escenas que ya vivieron el pasado mes de marzo, cuando otros 32 compatriotas fueron repatriados después de una visita de los diplomáticos ‘banglas’, como se autodenominan a sí mismos en su precario pero perfectamente comprensible castellano.

“Todo fue igual que en marzo: comenzaron a quitarnos los carnés, apareció la delegación de nuestro país y después se llevaron a 32 ‘banglas’ a nuestro país”, amplía Hossain, amante declarado de nuestro país, cuyo escudo luce en su camiseta. “Uno de ellos”, prosigue, “ya está muerto porque cuando llegó allí no tenía ni casa ni nada: lo había vendido todo para llegar aquí”.

Según aseguran, sus penosas travesías por media África hasta llegar a Ceuta han esquilmado no sólo sus patrimonios, sino el de toda su familia: “Las mafias en Bangladesh nos dicen que por 2.000 ó 3.000 euros podemos llegar a España”, amplía otro ‘expatriado’, como se definen a sí mismos, “pero después, en Marruecos, nos piden más y más dinero para cruzar la frontera”. Al final, el éxodo desde Bangladesh cuesta entre dos y tres años de interminables caminatas y unos 6.000 euros.

Un país “pequeño e inundado”

En el campamento, improvisado y disperso por miedo a la Policía, montado por los bangladeshíes estos guardan con celo un montón de recortes de periódico donde se da cuenta de los últimos monzones que han arrasado su país de origen y la carta que, firmada por todo el colectivo, han hecho llegar a la Delegación del Gobierno solicitando “al ciudadano de a pie, a todas las organizaciones humanitarias y al Gobierno de España” que les permita “que los pobres también podamos contribuir positivamente a la sociedad”.

“Todos los ceutíes saben que los ‘banglas’ somos buenas personas, que no damos problemas, que llevamos dos años aquí esperando y que nuestra única culpa es ser pobres”, apunta otro inmigrante con lágrimas en los ojos ante las cámaras de televisión. “En Bangladesh”, concluyen, “todo son problemas: todo está inundado y no trabajo, no dinero, no casa”.

“En Ceuta hemos encontrado fuerzas para seguir adelante en nuestro periplo para alcanzar nuestras metas proque sabemos y creemos en un mundo libre y lleno de oportunidades como España, dentro de la Unión Europea”, se deshacen en elogios antes de pedir “una oportunidad” para quedarse “en la tierra de los guapos”.
 

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