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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 22 DE AGOSTO DE 2007

 
OPINIÓN / EDITORIAL

El atractivo de la tierra de los ‘guapos’

Dicen los treinta y tantos inmigrantes de origen bangladeshí que sobreviven como pueden en los montes que rodean el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) local que prefieren morir en Ceuta antes que ser repatriados a su país. Que quieren una oportunidad para, aún siendo pobres, contribuir al desarrollo de la sociedad española, un espacio de “libertad” dentro de la Unión Europea que seguramente imaginan mucho más idílico de lo que en realidad es. Tal vez por ello se refieren al viejo continente como “la tierra de los guapos”. “Todos son guapos”, dicen y seguramente no se refieren a los rasgos de sus pobladores, sino a la belleza vital de disponer de trabajo y dinero para mantener a sus familiares más cercanos al otro lado del mundo.

El Gobierno central especialmente, pero todas las instituciones en general se enfrentan con el fenómeno migratorio al reto de encontrar la mejor fórmula para aceptar a los inmigrantes que España necesita sin contribuir con ello a aumentar el negocio de las mafias del tráfico de seres humanos.

Es, sin duda, un conflicto peliagudo al que la Delegación del Gobierno ya se enfrentó hace meses, en este caso con una decena de inmigrantes subsaharianos que también abandonaron el CETI para evitar ser repatriados al lugar del que salieron hace años a costa de desprenderse no sólo de todo su patrimonio, sino también de sus relaciones humanas. El conflicto se resolvió entonces de una forma bastante razonable: los indocumentados regresaron al Centro y, tiempo después, acabaron siendo trasladados a la península para ser acogidos por organizaciones no gubernamentales vinculadas a la Iglesia que propician su integración en nuestro país. Los ‘banglas’, como se autodenominan a sí mismos, sólo se precian de ser “buena gente”. De no aspirar a nada más que a encontrar un trabajo, de no dar problemas y de haberse labrado una buena imagen entre los ceutíes durante años. Las instituciones deberían tener instrumentos para constatar estos argumentos y premiar con “una oportunidad” a quienes se lo merezcan.
 

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