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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 22 DE AGOSTO DE 2007

 

OPINIÓN / SNIPER

Zapatero y la chaqueta del comandante Moreno
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

Mañana parece que llegará a unos húmedos Oscos (el cielo llora desde el domingo) para pasar unos días de asueto, justo a diez kilómetros justos de mi refugio montañero, el Presidente “por accidente” de España, en palabras del ‘Wall Estreet Journal’: el inefable José Luis Rodríguez Zapatero. “El anuncio de las vacaciones presidenciales -informaba “La Vanguardia” en su edición del viernes- ha llenado de gozo a los hosteleros, que esperan un aumento de visitantes”. Normal. Para la comarca supone un buen “tirón” que al actual inquilino de La Moncloa se le ocurriera pasar una breve temporada de asueto por estas hermosas y bravías tierras y, como es de bien nacidos ser agradecidos, las buenas gentes de Los Oscos sabrán tenerlo en cuenta. Solo el anuncio de su estancia ha supuesto en los medios de comunicación una importante inyección de imagen, que no dejará de proyectarse para el importante sector de turismo rural, extensible a los concejos vecinos de Taramundi y Vegadeo. Miel sobre hojuelas.

Casualmente estos días y envueltos en polémica judicial, a unos treinta kilómetros de la residencia campestre del “Presi” (los asturianos somos así de coloquiales) miembros de la “Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica” exhuman los restos de catorce hombres del cenetista “Batallón Galicia” (entre ellos los del famoso comandante José Moreno Torres), aniquilados con saña el 29 de octubre de 1.937 en el puerto del Acebo, entre Grandas de Salime y Fonsagrada. Toda España era un inmenso camposanto. En una guerra, por cruel que fuere, hay que batirse y uno asume que si hay que matar, se mata y si hay que morir, se muere. Pero una cosa es el enfrentamiento en batalla y, otra muy distinta, el “paseíllo al amanecer”, el asesinato gratuito, la vesania, las torturas…”Unos le dan bofetones, otros le dan puntapiés, otros le clavan agujas en las uñas y en los pies”, canta la copla popular. Bien está que se haga memoria con los muertos, para todos lo muertos a un lado y otro de las trincheras, en la retaguardia, en los campos y en las ciudades… Que España de una vez por todas entierre dignamente los restos de sus hijos aun repartidos por eriales y cunetas, dando carpetazo a una historia que, ¡nunca más!, deberíamos permitir que pudiera repetirse.

No sé si es casualidad o causalidad que ambos acontecimientos coincidan estos días en el tiempo y el espacio ni si, el Presidente Zapatero, se acercará al kilómetro 15 de la AS-28. Pero Rodríguez Zapatero, Presidente le guste o no de todos los españoles, tiene estos días una ocasión de oro para coger el toro por los cuernos rindiendo homenaje -al fin y al cabo él ha sido el promotor de la “Memoria Histórica”- a los muertos, a todos los muertos de nuestra Guerra “Incivil” en palabras de Unamuno. No hay familia en España que no llorara a los suyos, caídos quizás en ambos bandos. Hágase justicia pues y pasemos página. Paz, piedad y perdón.

Todavía hoy en la zona, amigo lector, se mantienen las casas de algunos de los protagonistas de esta tragedia. Desde la fonda en la que fusilaron a Moreno, no sin antes torturarlo salvajemente, a la de su asesino, que salió arropándose con la chaqueta de cuero del comandante. Canta otra de las coplillas:

“¿Quién tendrá los dientes de oro del comandante Moreno?.

Seguramente los tiene Carolo de Silvela guardados en su ropero”.
 

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