PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - MARTES, 28 DE AGOSTO DE 2007

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

La vida, como es
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Como se dice en esta tierra de María Santísima: “Esto es más patético que un cuarentón ,haciendo botellón” Y me refiero a las arrobas y arrobas de palabrería huera que se van a lanzar en estas fechas sobre la vida y la muerte de la pobre Lady Di. “Pobre” en el sentido espiritual e intelectual de la palabra, porque para mí no era más que una pobre chica, absolutamente perdida y que no tenía esa rara vocación que se requiere para ser miembro de la irreal realeza. ¡Como es la vida! Y lo digo sin más información de las majestades y príncipes varios que las de la revistas del cuore, regios personajes que tienen en el Hola y en otras revistas ñoñas y cortesanas, su principal escaparate. Del papel couché se nutre el mujerío del que formo parte activa, pero a quienes, ni nos llega ni nos alcanza la imaginación a explicarnos el por qué de seres que, en virtud de haber sido paridos en regia cuna, lo tienen todo. Lo merezcan o no. Sean o no sean dignos de ello.

La descansada Lady Di tenía una inmensa fortuna, belleza, glamour, dos hijos estupendos a quienes consintió meter en un rígido internado cuando no alzaban dos palmos del suelo. Y libertad para equivocarse. Y su vida fue un cúmulo de errores y desvaríos que, la prensa rosa y los tabloides amarillos británicos, donde sí reina una auténtica libertad de expresión y de opinión y no como aquí que andamos acojonados por las represalias de los poderosos, que, las revistas, en una palabra, nos presentaban semanalmente. Desde las visitas publicitadas y con gran parafernalia fotográfica a la Madre Teresa de Calcuta, al melindre de hacerse la foto con el negrito de la campaña contra las minas antipersona. Cuando, con el precio de su vestuario tan solo hubiera tenido para mantener la fundación de la Madre Teresa durante un lustro y con el de sus joyas para haberles solucionado la vida a todos los negritos.

Será que, las caridades, con fotógrafos del corazón incluidas, de los famosos y de los poderosos, me parecen especialmente aborrecibles, sobre todo porque han de ser, necesariamente, “exóticas”. Todavía no he conocido ni a un famoso ni a un poderoso que renuncie a la foto étnica, donde hay que poner gesto de inmensa dulzura e infinita compasión. A ninguno he conocido que se adentre en un poblado marginal, imperio de la droga, a solas y sin fotógrafos, para llevar termos con caldo de gallina y su miajita de hierbabuena a los enganchados, para que se consuelen las tripas las criaturas. Ni que se partan el culo y vendan sus propiedades para construir auténticos albergues para los indigentes que duermen entre cartones, albergues donde puedan vivir y morir, tranquilos, calentitos y alimentados, aunque luego se pasen el día callejeando porque, las calles forman parte de sus vidas de vagabundos, pero luego, al helor, tener un lugar al que regresar. Pero no ser recogidos quince días y luego a la puta calle. Y no estoy hablando de los pobres inmigrantes abandonados en España por los corruptos gobernantes de sus países de mierda, sino de esos vagabundos españoles, llamados eufemísticamente “transeúntes” como si estuvieran esperando un tren o un autobús. Los que, cobijados entre cartones y si son afortunados, en las entrañas del metro, pasan sus vidas, ninguneados por el Sistema porque no votan y encima seguro que les ha caducado el DNI, por desastrados y por marginales, hablo de esos que no esperan nada. ¿Qué si se les da limosna se lo gastan en vino o en drogas? Bueno, por su mala cabeza, porque, si recaudan unas monedas al día también podrían invertir en un fondo de inversiones o jugar en la Bolsa en lugar de consolarse las tripas y el corazón. ¿Para cuando un garbeo de la Realeza por las alcantarillas de las ciudades? Pero sin cien escoltas ni doscientos fotógrafos del Hola. ¡Lady Di! ¿A quien le importa la princesa rubia vestida de Versace? ¿A quienes nos importan los fastuosos yates reales para vacacionar? La vida no es así. La vida es la abuela con doscientos euros de pensión que espera avergonzada, en la última semana del mes, en una esquina de cualquier cafetería a que, una señora, le pague un vaso de leche. La vida no es irrealidad, ni lujo, ni privilegios ofensivos. La vida es como es.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto