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OPINIÓN - MARTES, 28 DE AGOSTO DE 2007

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

José Antonio Peche Primo de Rivera
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

El pasado sábado tuve la fortuna de poder asistir a una de esas invitaciones que honran a un amigo de verdad. Estuve en Jerez de los Caballeros, esa ciudad en la que pasé ocho años muy agradables y desde la que vine a Ceuta, en 1978.

El sábado en Jerez de los Caballeros invitado por mi amigo Emiliano Vázquez de Mondragón Campo, asistí a la boda de su hija Leonor, y desde luego no puedo mostrar más que agradecimiento a la familia Vázquez de Mondragón por las atenciones que, como siempre que coincidimos, me dispensaron. Gracias de verdad.

Entre los muchos invitados a esta boda también asistió, por amistad y por cierto grado de familiaridad, José Antonio Peche Primo de Rivera, una de las personas más honradas que me he encontrado, políticamente, en la sociedad de nuestros días.

Compartí mesa con José Antonio Peche, y dejando distancias o diferencia de pensamiento, si es que las hay, coincido con él, totalmente, en la desfachatez que hay hoy en muchos de los que viven de la política, cambiándose o haciendo abstracción de su pasado, con tal de poderse encaramar a un puesto que les lleve a vivir mejor y haciendo menos.

José Antonio Peche Primo de Rivera y yo recordábamos a un chaval, en los años 74 o 75, estudiante entonces de bachillerato, que era presentado por el alcalde de Jerez de los Caballeros, Antonio Granados, al gobernador civil de Badajoz, José Zurrón, que anteriormente había sido alcalde de Ceuta.

La presentación que el alcalde jerecista hacía de este chaval se resume en estas cinco palabras:” es consejero local del movimiento”. Muy bien, entonces lo eran muchos. Este chaval, ahora un señor, a su manera, “ se ponía la camisa azul y cantaba el Cara al Sol mucho más que yo” me decía José Antonio Peche. Así es, y además en estos momentos ese chaval, ya señor, no es ni mucho menos de Falange, sino del partido con más fuerza y poder a nivel nacional y a nivel de Extremadura, el PSOE.

Y partiendo de aquí me decía José Antonio, que en aquellos años Rodríguez Valcárcel, presidente de la Cortes, le ofreció ser gobernador civil y él lo rechazó. Este ofrecimiento en aquel momento “tenía sentido”, él es abogado, hijo de un diplomático, cónsul plenipotenciario, nieto de quien era, marqués de Rianzuela y de apellido Primo de Rivera, lo tenía todo para ostentar un alto cargo, a lo que dijo: “no, conozco mejor mi hacienda, sé criar mi ganado y en un cargo de este tipo a lo mejor no voy a saber cumplir como es debido”.

Tengo que repetirlo, uno, aunque no coincida, si no coincide, en la forma de pensar con él, tiene que coincidir plenamente en su forma de actuar. Yo coincido totalmente.

En una conversación con esta persona que sabe llevar el chaquet en su momento, pero también sabe ponerse las botas de agua para ir al campo, no podía faltar un repaso a su familia materna, de la que él habla con naturalidad, de cómo podría haberse hecho “algo más” por salvar a su tío José Antonio en vez de permitir que se le asesinara tan vilmente. Ni entra, ni quiere entrar en más que ese “algo más” que no se hizo. Un verdadero señor.

Hablábamos también de cómo su madre estuvo tres años en la cárcel, también, en Alicante y como un barco alemán, desde aguas internacionales a 40 o 50 kilómetros de la costa advirtió a quienes controlaban entonces Alicante:” Si muere un Primo de Rivera más bombardeamos Alicante”. La advertencia sirvió para que su señora madre no corriera la misma suerte que había corrido dos o tres días antes José Antonio Primo de Rivera.

Y lo que más le agrada a un hombre que, como él, tiene antecedentes en la política del siglo pasado, es ver que de las muchas cosas que van saliendo, unas verdaderas, otras no tanto, su familia no ha sido acusada, jamás, de haberse hecho con nada que no le perteneciera.

Habla de su abuelo y de su dictadura o mejor “dicta blanda”, de que se le acusó de mujeriego, de algún lío de faldas, y él admite que un hombre viudo, como era, “algo tenía que tener”, pero que fuera de eso los que vivieron aquella etapa jamás maldijeron su apellido.

Una invitación que agradeceré siempre, unos amigos de hace muchos años. Así estuve en Jerez de los Caballeros.
 

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