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OPINIÓN - VIERNES, 14 DE SEPTIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Instalaciones modélicas
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Escribir periódicos es una tarea que uno comenzó hace ya bastantes años. La mayor parte de ese tiempo hube de pasarlo en unas redacciones inhospitas. Las muchas horas recluido en unas oficinas nada gratas para permanecer en ellas, despertaban el malhumor y disminuían el rendimiento. Era indispensable echar mano de la voluntad para no verse superado por unas circunstancias negativas.

En mi caso, y dado que irrumpí en el oficio con vocación tardía pero repleto de ilusiones, fui sorteando las enormes inconveniencias con mejor talante que muchos otros compañeros. Si bien es verdad que las decrépitas instalaciones invitaban a dejarse llevar por la atonía que generaba un habitáculo impropio de dar cabida a unos profesionales del periodismo.

No es el momento de recordar ni el frío ni el calor que hemos pasado en esas redacciones cuyos nombres prefiero olvidar. Pero sí debo decir lo que hablé con el editor de este medio en mayo de 2006.

Entré en el despacho de José Antonio Muñoz y nos pusimos a conversar en relación con el futuro del periódico. Yo había cumplido 242 días en la empresa, tras mi regreso después de haber participado en su nacimiento. Hecho ocurrido en 1995.

En un momento determinado, el propietario del periódico me contó sus deseos de mejorar las instalaciones; me confesó que El Pueblo de Ceuta, con más de una década de existencia -ya ha cumplido doce años-, merecía unas oficinas dignas de una cabecera que se ha mantenido firme, contra viento y marea. Y, desde luego, me habló de que ya era hora de ofrecer a los profesionales la comodidad de una redacción que los tiempos actuales exigen.

Fue entonces, nada más finalizar nuestra charla, cuando escribí lo siguiente: “José Antonio Muñoz es el editor de un medio que ha sufrido varios y duros embates, con el único fin de acabar con su publicación. Pero él ha sabido afrontar las épocas difíciles con la tranquilidad necesaria y procurando que jamás se le notara el menor síntoma de desfallecimiento que los problemas suelen proporcionar. Reflejarlo en este artículo es, sin duda, un acto de justicia hacia quien se han dirigido siempre las miradas airadas de quienes no soportan verlo situado al frente de un periódico al que le auguraban escasa vida. No obstante, su deseo de superación, debido a que El Pueblo de Ceuta le tiene comida la sesera, hará posible que las instalaciones del periódico sean, más pronto que tarde, dignas de encomio”.

El martes pasado, cuando llegué a las instalaciones de este periódico, situadas en la calle Independencia, exclamé a voz en cuello: !coño, qué bonitas han quedado las oficinas del periódico!... Aquí sí que merece la pena volver a ser redactor. Aun a costa de permanecer en el edificio muchas horas.

La promesa del editor, aquel 12 de mayo de 2006, cuando dialogamos en su despacho, se ha cumplido: ha conseguido finalizar una obra acorde con la categoría de un periódico que se ha consagrado en la vida de una Ceuta, siempre reacia a admitir publicaciones nuevas.

Y se ha consagrado El Pueblo de Ceuta, por encima de envidias, rencores y actividades turbias o enredosas, por haber hecho de la coherencia un ejemplo constante. En esta Casa jamás se han permitido los bandazos. Sabemos, al menos así lo entiendo yo, dada mis charlas con el propietario, en qué sitio estamos. Como también somos conscientes de que, ante cualquier desaire, no nos temblará el pulso de la respuesta.

Pero eso es harina de otro costal. Ahora lo que prima es alegrarse de que bien pronto sean inauguradas unas instalaciones modélicas.
 

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