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OPINIÓN - DOMINGO, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

La intrépida directora
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Todos los días, desde hace ya muchos años, leo la prensa a primera hora de la mañana. Es una actividad que he asumido con carácter profesional. Por tanto, no haría falta decir que analizo todas las noticias, con detenimiento, para elegir la que me permita sacarle punta. De ahí que estuviera muy pronto al cabo de la calle de las declaraciones realizadas por el presidente de la Comisión de Amistad Hispano-Marroquí, Yhaya Yahya, en su día. Y la verdad es que no me sorprendieron. Ya que el senador no hace sino cumplir con un papel al cual están abonados autoridades y políticos marroquíes: tratar de herir la susceptibilidad de los ceutíes, cuantas más veces mejor.

El sentir de lo políticos marroquíes, en relación con Ceuta y Melilla, y su verborrea al respecto, es algo que tenemos que conllevar los españoles, y sobre todo los ceutíes y melillenses. Y me parece muy bien hacer oídos sordos a tantas necedades expuestas con el único afán de desviar la atención de los muchos males que aquejan a la sociedad en la cual viven los encargados de hacerse notar con insidias. De hecho, nunca me he sentido yo tentado de responderles a los voceros.

Es, más o menos, lo que pide la directora, en ese espacio titulado de Norte a Norte, que se le ha quedado ya en un remedo de artículo con derecho a pataleo diario. Dice la pamplonesa, con su habitual estilo de andar por casa: “Acostumbran los políticos a entrar al trapo de cualquier alusión negativa hacia Ceuta y Melilla que venga a cuestionar la españolidad de ambas hermanas. Pican el anzuelo y se ‘calientan el pico’ respondiendo a unas alusiones que, por insensatas, no deberían obtener el mínimo aprecio”.

De acuerdo. Es mi forma de pensar. Y a la que he sido fiel. Es decir, no hacer el menor caso a quienes gozan viendo de qué manera sus ofensas sacan de quicio a los ciudadanos de ambas ciudades españolas. Pero conviene recordarle a la intrépida periodista, que no pocas veces ha escrito ella contra declaraciones de esa laya. Enardecida toda ante las reivindicaciones de las autoridades de Marruecos.

De cualquier modo, a la directora le convendría -tan echada para adelante cuando se atrevió con el titular de Racismo de chirigota en Ceuta, el uno de marzo de 2006, en Abc- leerse los Dardos de los jueves, donde tantas y tantas veces se le ha exigido a Juan Vivas que respondiera con firmeza a los agravios procedentes de Marruecos.

Bien podría yo, si la columna fuera interminable, plasmar aquí todo lo escrito por Juan Luís Aróstegui en contra del presidente, Juan Vivas, tachándolo de dejarse humillar por la forma de actuar del gobierno de Marruecos. Además de llamarle cobarde, debido a que el presidente ha habido muchos momentos en los que no ha querido caer en la trampa de las contestaciones. Y jamás he leído la menor crítica de la intrépida periodista, al colaborador de su medio. Ahora, sin embargo, a la señora directora le ha faltado tiempo para censurar al asesor-jefe de gabinete, Sánchez Paris, con el único fin de ponerle en entredicho. Y todo porque Juan Vivas ha aireado que considera “un insulto a la razón”, las declaraciones de Yahya. Y ella, la siempre audaz periodista, ha visto la oportunidad de arremeter contra un hombre a quien odia porque no quiere ser la voz de su amo. Es decir, del… jefe de la directora.
 

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