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OPINIÓN - SÁBADO, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / SNIPER

Ficción y realidad del islamismo radical
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

Prosaicas obligaciones impidieron mi asistencia ayer tarde, en la sede ceutí de la UNED, a la conferencia del profesor Waleed Saleh Alkhalifa, docente en la Universidad Autónoma de Madrid, lo cual no es óbice para glosar en estas líneas algunos de sus posibles ejes discursivos derivados de la atenta lectura de su última publicación, que inspira precisamente el titular de esta columna: “El ala radical del Islam. El Islam político: realidad y ficción” (Madrid, marzo de 2007). A través de cinco grandes apartados más un glosario y bibliografía, el doctor Saleh nos acerca al fundamentalismo religioso presente en el Islam abordando dos niveles: por un lado rastrea el soporte ideológico de pensadores musulmanes contemporáneos en autores del medievo, tarea altamente ejemplificadora; por otro (la parte más polémica), analiza las causas que sustentan, “en nombre del Islam”, los actuales planteamientos del islamismo radical. Sin duda la nueva obra del doctor Saleh arroja luz, sobre todo en sus dos primeros capítulos, sobre un radicalismo islamista primigenio (me atrevería a decir incluso que ya latente en la vida y obra del “Sello de la Profecía”, como recuerda con énfasis y brillantez el mismo Sayyid Qutb) en la obra de reputados autores clásicos como Ibn Hanbal (780-855) o Mohamed b. `Abd al-Wahab, (1701-1799), enlazados por Ibn Taymiyya (muerto hacia el 1328 de la EC). Tiempos aquellos en los que, por cierto y creo debe señalarse, ni existían el Estado de Israel o la invasión de Irak…, por lo que con este diacronismo se desmontan las tesis que avalan dicha casuística como base ideológica de la remontada del islamismo extremista, en sus versiones “política” y “yihadista”, pese a ciertas interpretaciones del citado autor en las que aparentemente priman, más que una desapasionada y fría analítica académica, el poso inherente -hasta cierto punto lógico, por otro lado- de sus triples raíces religiosas (musulmán), étnicas (árabe) y nacionalistas (irakí).

Pese a ello, el autor plantea en su obra una constatación empírica y una oportuna reflexión: en la pág, 108 advierte como “La frustración experimentada por los países árabes e islámicos al ver el camino del desarrollo económico y social incumplido con el nasserismo, el socialismo o el baazismo, ha arrojado a los pueblos al seno de la religión, pensando que sería la solución óptima para su situación”; advirtiendo en la pág. 175: “Es necesario elaborar una nueva cultura religiosa que trace los límites de los preceptos religiosos, aclarando cuando una norma es válida para todos los tiempos y cuando tiene simplemente un valor histórico. Una cultura que no vierta loas sobre la muerte y provoque odio hacia la vida. Se debe señalar si todo lo que aparece en el Corán es operativo para nuestro tiempo o si existen conceptos que son anacrónicos y desfasados”. Esta última es a mi juicio, insisto, una de las cuestiones capitales hoy día y la que, con coraje, debería empezar a plantear la comunidad islámica aprovechando foros independientes y de reconocido prestigio como puede ser la UNED y no echando balones fuera con, intuyo, lo de siempre: una interesada y enfermiza culpabilización exógena dirigida contra Occidente.

En cualquier caso siento no haber podido acercarme aunque solo fuere para felicitar al Dr. Saleh por su obra y saludarle cordialmente. Otra vez será. Inch´Allah.
 

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