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sucesos - DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2007


fachada de los juzgados de ceuta. e.p.

CASO REAL
 

Una tardía prueba de ADN

Un ceutí critica la falta de ecuanimidad
judicial para afrontar la supuesta
paternidad de un niño que ha
podido demostrar que no era suyo
 

CEUTA
Elsa Cabria

local
@elpueblodeceuta.com

“De esta te acordarás”, dijo ella antes de salir por la puerta del apartamento de su pareja. Con esta frase lapidaria una joven dijo adiós a una historia de un mes que vivió en Torremolinos hace cuatro años. Los dos eran de Ceuta, pero el corto idilio lo vivieron en la península. Francisco [nombre ficticio porque prefiere no ser reconocido] asegura que nunca se fió de ella porque tenía un carácter “excesivamente voluble y nervioso”. No la volvió a ver hasta tiempo después cuando acaba de empezar a salir con una joven sudamericana. Había cortado el contacto porque “nunca” quiso una relación seria hasta que conoció a su nueva novia. Esta vez se encontraron en Benalmádena, donde, como de costumbre, se dedicaba a pinchar música en discotecas. Se vieron de noche, hubo mucho alcohol, aunque “no bebo nunca”, esa vez perdió la cuenta.

A la mañana siguiente, una camisa manchada con vómito y un terrible dolor de cabeza fue el resultado de las últimas horas que iba a pasar con ella. Se marchó. Transcurrieron ocho meses hasta que volvió a saber de la joven. “Estoy en el hospital, embarazada de ti y voy a dar a luz”. A Francisco se le encogió el corazón. “No podía ser verdad”, él continuaba con su novia, “sólo había sido un affaire, pero no recordaba sexo, no lo puedo prometer, pero estoy casi seguro de que no nos acostamos”. La versión de ella, obviamente, no coincidía con la de él. Había traido un niño al mundo y, supuestamente, era suyo.

El le pidió silencio y que guardara el secreto hasta que se hiciera la prueba de ADN. “No”, dijo ella. “No te dejaré que te hagas las pruebas, no lo permitiré”. Se dio entonces cuenta de que las cosas no iban a ser tan fáciles. Por eso, decidió volver a a Ceuta con su actual pareja y ya entonces esposa porque tenía que enfocar la situación. Ella también regresó a la ciudad casi al tiempo y “me dijo que o veía al niño o se enteraría mi novia y toda mi familia”. Intentó convencerla en vano. Se atrevió a contárselo a su mujer y decidió perdonarle, pero quería las pruebas de ADN. A partir de ahí, hace tres años, empezó una película de muy larga duración que acabó hace muy poco.

A pesar de sus peticiones, ella rechazó todo intento de demostrar si era o no padre de la criatura y presentó al bebe a la familia de Francisco. Comenzó una compleja historia de “mensajes al móvil, amenazas telefónicas, desavenencias familiares porque la apoyaron a ella y no a mi, cotilleos en Ceuta, críticas de la gente hacia mi persona; un hablar por hablar que nos hizo muchísimo daño”, recuerda hoy día.

Entre medias, “un montón de cosas más que prefiero no recordar porque no es productivo. Al fin y al cabo lo que más daño me hizo fue el rechazo de mi familia que optó por defenderla, eso fue lo peor”, lamenta Francisco. Los tres años de silencio familiar pasaron, tuvo un niño con su mujer, hasta que hace unos meses recibió un carta por la que su ex pareja le llevaba a juicio para que le diese la manutención al niño que decía que era suyo. Sólo les quedaba enfrentarse al caso. Sin apenas dinero en los bolsillos, contrataron a “una de las mejores abogadas de Ceuta” fue su baza.

Tras la exposición de pruebas por ambas partes, el juez dictó que Francisco se tenía que hacer las pruebas. “Ella se puso super nerviosa”, asegura él. La particularidad del caso provocó que “todos los juzgados“ estuvieran pendientes de su historia. “Todo el mundo estaba convencido de que era mio, incluso el juez”. Tanto así que su mujer y él tuvieron que acudir al psicólogo por orden judicial para comprobar “que eramos adecuados para cuidar a mi supuesto hijo”. Tras las reuniones, “le dijo a mi mujer que le fuera explicando que tenía un hermano”. Por eso dice que el trato en los juzgados ha sido “una de las cosas que más me han impresionado. No vi en ningún momento que me considerasen inocente. La actitud crítica y el descrédito hacia mi persona me han hecho llevarme una imagen negativa del mundo judicial”, argumenta.

Francisco se hizo las pruebas el pasado junio y hace dos semanas salió el resultado: Incompatibilidad genética. Osea, negativo. Ahora toca reconstruir los cimientos familiares que se habían deshecho y reforzar su matrimonio. “En todo este tiempo, he visto mucha maldad, pero ahora sólo quiero dejarlo atrás, estoy seguro de que ahora soy más fuerte”. Fortalecido de una historia que le ha generado insomnio crónico, concluye que “siempre supo que no era su padre”.
 

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