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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 7 DE NOVIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / SNIPER

Respeto y amistad entre dos grandes países
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

En el pequeño gran juego que españoles y marroquíes estamos viviendo en primera línea, sobre todo aquellos que compartimos fraternalmente la brisa africana, me parece sano para ambas partes la práctica habitual de “templar gaitas”, poniendo sumo cuidado en no sacar nunca los pies de las alforjas. El lunes en Ceuta, Don Juan Carlos fue a la par justo e inteligente tendiendo la mano una vez más y con la tradicional cortesía española a nuestros vecinos del sur, señalando más tarde en Melilla que “España cultiva las buenas relaciones”; ayer el Presidente melillense, Juan José Imbroda, se dirigió también a sus vecinos marroquíes hablando de “respeto y amistad”. El Reino de Marruecos debería de comprender que el viaje de los Reyes de España a Ceuta y Melilla no va contra nadie y, mucho menos, contra Marruecos y sus legítimos intereses. Los problemas de Marruecos son otros y de muy distinta índole, tanto estructural como funcional y confiemos en que los notables esfuerzos de su joven soberano, Mohamed VI, acaben aproando a ese gran país hacia un futuro inmediato estable y prometedor.

He tomado buena nota de la irritación marroquí, con escaso fundamento histórico alguno, pero también y pese a las apariencias la relativa contención de las respuestas, además de la profesionalidad y cortesía de sus fuerzas de seguridad -en Tetuán y en la frontera de “El Tarajal- para con los profesionales de los medios de comunicación, sinceramente impecable. Ayer fue el 32 aniversario de la “Marcha Verde”, aprovechado por cierta prensa marroquí para entorpecer y ralentizar, aun más, el clima de buena vecindad alcanzado entre ambos países, en claro contraste con la prensa más profesional y solvente (pienso en los excelentes semanarios de los viernes) que no ha hurgado en la herida. “L´Economiste” recordaba estos días la importancia de los vínculos empresariales, desaconsejando vivamente cualquier tipo de enfrentamiento bilateral.

Ayer, a las 21.00 hora española, Mohamed VI, Rey de Marruecos, Comandante en Jefe de las FAR y Comendador de los Creyentes, se dirigió a su pueblo con motivo de la Fiesta Nacional. No me gusta el “periodismo ficción” por lo que no especularé sobre el posible contenido del mismo sin haberlo leído con suma atención, pero entiendo en buena lógica que los intereses comunes y las amenazas compartidas (el terrorismo islamista en primer plano) por ambos países vecinos son mayores que las diferencias. Marruecos sugiere una “peligrosa línea roja” que España habría traspasado con el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla, crítica que yo devolvería a su procedencia: es el Reino de Marruecos quien (el discurso de Mohamed VI será determinante) debe evaluar con sumo cuidado cual es exactamente su sitio y hasta donde quiere llegar y la escalada que supondría la reactivación del "Frente de Liberación de Sebta y Melilia", cuyo "fantasma" volvió a a aparecer en la madrugada del lunes. España está aquí, en el norte de África, desde hace casi cinco siglos y las raíces profundas de nuestra nación se remontan en el tiempo muchos cientos de años antes, al menos desde la profunda y vertebradora romanización, sin necesidad de recurrir al sugerente recuerdo de la “España Transfretana”.
 

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