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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 21 DE NOVIEMBRE DE 2007

 
OPINIÓN / EL MAESTRO

Educación diferencial

Por Andrés Gómez Fernández


Es conveniente recordar que con la antigua Ley de Instrucción Pública de 1945, no estaba permitido que los alumnos se “mezclaran” con las alumnas. Aulas para maestros y niños; aulas para maestras y niñas. Y, por supuesto, separación en los recreos, existiendo en los Colegios de muchas unidades los “sólidos” muros que impedían que los chicos se unieran.

Con la ley del 70, Educación General Básica, las cosas cambiaron al establecerse las enseñanza mixta, también llamada coeducación. En principio, se introdujo en la 2º Etapa las clases de profesores únicos –ambos sexos- impartiéndose la docencia por especialidades, sin tener en cuenta el sexo del alumnado. Así, nos incorporamos a lo ya madurado en los países más avanzados.

Pero algo ha debido de funcionar mal, después de muchos años de normalidad, donde no parecía que, con seguir las pautas marcadas por otros países, lo anteriormente realizado fue un error. Y es que, en nuestro país, se ha emprendido una “cruzada” en pro de la educación diferenciada, que ya triunfa en los colegios públicos de países progresistas.

La escuela mixta, parece ser, que ha generado machismo. Esta es la justificación: “Estudios muy profundos, científicos, empíricos y objetivos de organismos totalmente independientes, con expertos en Pedagogía de la Universidad de París, prueban que no respetar el ritmo cognitivo de los niños y hacer que estos se sientan por detrás de las niñas, en los primeros años escolares, crea una frustración que se traduce en actos de violencia contra las niñas, provocando reacciones machistas y de violencia. En conclusión: “lo moderno es enseñar a niños y niñas por separados”.

¿Son los niños y las niñas, iguales o diferentes? Son iguales en derechos y deberes, en humanidad y dignidad, y se ha demostrado –hay un estudio muy exhaustivo de la Universidad de Yale- que son iguales en inteligencia; también que lo son en cuanto a las metas que se pueden alcanzar, pero la forma de llegar a ellas son diferentes porque la forma de actuar ellas, de vivir, de amar, de sufrir, la sensibilidad, sexualidad son diferentes. Como se ha dicho anteriormente, hay que respetar los diferentes ritmos de maduración cognitiva de niños y niñas, que son distintos.

Hay que tener en cuenta que los últimos descubrimientos científicos –con menos de diez años- nada tienen que ver con la educación diferenciada de hace cuarenta años. En educación infantil y primaria, las niñas van por delante de los niños en ese ritmo cognitivo, que en habilidades lingüísticas y destrezas verbales maduran antes, y hay que tener en cuenta que esta diferencia de ritmo puede perjudicar a los chicos, porque muchos se frustran, reducen sus aspiraciones o piensan que estudiar es cosa de chica. Y algo, que nos conviene tener en cuenta: el fracaso escolar que tenemos en España es fundamentalmente masculino. Y si estamos buscando la igualdad, pues también que la haya para los hombres, que son los perjudicados.

Por otro lado, conviene tener presente, que la libertad de opción de los padres con una pluralidad de modelos educativos, en los momentos actuales, no los hay en España, ya que en colegio público es exclusivamente mixto, frente a países como EE.UU, Alemania, Francia, Australia, Suecia… Pero como síntesis, el niño no debería ir a la escuela mixta porque ahí se desprecia los ritmos de aprendizaje y se pasa de la igualdad al igualitarismo absoluto… Se deja de hablar de niños y niñas para hablar de alumnos como si fueran de género neutro, ignorando las diferencias que marcan su forma de aprender y perdiendo una oportunidad estupenda para potenciar la posibilidad de cada sexo.

Para la profesora y escritora María Calvo, adalid de la “cruzada” emprendida en España: “Estamos perdiendo una gran oportunidad si no adaptamos los métodos docentes a la forma de aprender de los cerebros de niños y niñas. La coordinación o tándem entre la ciencia y la educación está dando resultados óptimos. Por eso espero que España no se quede atrás. Aquí seguimos aplicando métodos pedagógicos rechazados en otros países porque dan resultados horribles, métodos como el constructivismo según el cual no tiene que haber autoridad en las aulas…, modelos que tuvieron su momento en los años sesenta. ¿Y eso es modernidad? Seguimos con ideas del pasado pese a que arrojan resultados pocos satisfactorios”.
 

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