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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 5 DE DICIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Habladurías de una esquina
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

No sé por qué motivo o razón pensé, días atrás, que Pedro Gordillo estaba en Murcia invitado por su amigo y residente en el PP, Adolfo Espí. Y hasta lo hubiese jurado de habérseme puesto a prueba. Incluso tentado estaba de escribir del encuentro que habían mantenido ambos. Cuando me entero por Yolanda Bel que no es así. Lo cual me causa el disgusto consiguiente. Porque su rotundo desmentido me chafa la columna que tenía ya prevista sobre tan interesante reunión.

Eso sí, la portavoz del Gobierno nos dice que hay conversaciones con los empresarios murcianos. Pero que éstas corren a cargo de Francisco Márquez y de Juan Manuel Doncel. Ambos diputados, con todos mis respetos para ellos, son demasiados tiernos para tratar de convencer a mi estimado Espí de que saque a relucir el amor por su tierra y procure olvidarse de los buenos dineros que él y sus representados pueden seguir ganando con una manzana que nació podrida y que hiede ya más que jedía el despacho del director de un periódico local, en cierta época. Algo que referí la semana pasada.

Sin embargo, Yolanda Bel nos da una nueva pista. Nos dice que también Jesús Simarro ha entrado en escena como intermediario entre la Ciudad y las gentes de Murcia. En vista de la amistad que el ex gilista, causante principal del derrumbe de su partido en Ceuta, tiene con los empresarios pimentoneros. Como para no tenerla. Lo que debería hacer el manchego, con tanta o más imaginación que Pedro Almodóvar y maneras tan sutiles cual José Bono, también paisano, es dormir siempre con una foto de la manzana en su mesita de noche. Y rezarle los padrenuestros de precepto por el bienestar que ese terreno le ha proporcionado para que pueda vivir a cuerpo de rey, sin doblarla, el resto de sus días.

Pero está comprobado que hay personas a las que la diosa Fortuna les acompaña siempre. Y ese es el caso de nuestro hombre. De no ser así, me parece inexplicable que el Gobierno de la Ciudad le ofrezca la oportunidad a Jesús Simarro de estar presente en unas reuniones de negocios donde, al final, participantes de esa guisa suelen salir premiados con reintegros millonarios.

Con tales decisiones, tan faltas de sentido común, uno piensa entonces en Antonio Sampietro y en lo que ha largado a propósito de la Manzana del Revellín y del papel tan principal que jugó Simarro en ese lío. Y, claro, comprende que a Toni, el seductor de piscinas barcelonesas en los años de Maricastaña, se le revuelvan las tripas al creer que el negocio de la manzana lo dejó a él sin su presidencia y sin Aida Piedra.

De todos modos, yo vivo lampando porque lleguen los empresarios de Murcia a un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad y el edificio del Revellín se convierta en una realidad fructífera y beneficiosa para Ceuta. Que todo acabe bien. Ya que tengo la promesa de Adolfo Espí, desde hace años, que será en ese preciso momento cuando me descubra el nombre de las personas que han venido apoyando a Juan Luis Aróstegui en todos los aspectos para que fuera inflexible con los planes del Gobierno para esa esquina.

Adolfo Espí, distinguido siempre por un notable como Pastor Ridruejo, ha sabido hacerse un sitio en el mundo de los negocios. Su único fallo de juventud, fue aliarse con “Pacoantonio” en un negocio de periódico. Si sabrá el de comisiones y chanchullos.
 

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