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sociedad - DOMINGO, 9 DE DICIEMBRE DE 2007

 

Festividad de la Inmaculada Concepción

La Inmaculada Concepción fue proclamada oficialmente patrona del arma el 12 de noviembre de 1892

CEUTA
Alicia Urbano

local
@elpueblodeceuta.com

La devoción de la Infantería por la Inmaculada Concepción de María, proclamada oficialmente patrona del Arma tres siglos después de los acontecimientos, nace el 12 de noviembre de 1892.

La vinculación de este Arma con la Santa patrona se remonta al otoño lejano de 1585. Fue entonces cuando diversas tropas de los tercios españoles, bajo las órdenes del conde Mansfelt, luchaban en la isla de Bommel, en Flandes, contra los rebeldes holandeses. Era la época en la que Juan de Austria gobernaba en los Países Bajos. Los tres Tercios, entre ellos el de Bobadilla, sumaban más de 4.000 españoles, expertos combatientes; la mayor parte de la infantería española del conde Mansfelt y la única, por tanto, que tenía Farnesio.

El conde de Holac, general de las tropas holandesas, armó una flota de cien barcos de quilla plano con la mejor infantería que tenía. Su ataque se inició con la rotura de los diques y con la inundación de todas las tierras que ocupaban los españoles.

Allá por el día 7 de diciembre, la situación de los soldados españoles era desesperada, al límite de su resistencia y agotadas todas las esperanzas de salir airosos. Los militares se encontraban sitiados por el enemigo y rodeados por el agua, sin comida, sin leña, mojados y adheridos de frío.

En estas circunstancias, los capitanes y soldados españoles fueron exhortados a rezar como último recurso. Un soldado que estaba haciendo un hoyo, para resguardarse del viento helador, encontró una tablilla pintada en vivos colores con los rasgos de la Virgen María.

Se la llevaron en procesión entre las banderas a la iglesia de Empel, donde rezaron una salve, y Bobadilla decide entonces quemar las banderas, hundir la artillería y, por la noche, con las barcas de quilla plana, atacar las naves principales enemigas. Al ocaso, un frío intenso hizo que las aguas se helasen. El enemigo, ante el temor de que sus barcos quedasen atrapados por los hielos, empezó una lenta huida por el río Mosa, teniendo que pasar por una estrecha cortadura del dique principal, siendo hostigados por ambos lados por los españoles, causándoles gran cantidad de bajas.

El llamado ‘milagro de Empel’ propagó en los tercios de la infantería española la devoción a la purísima Inmaculada Concepción.
 

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