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ACTUALIDAD - MIÉRCOLES, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2007


ali y gordillo charlando. archivo.

ANALISIS
 

El teorema de la cooptación

El politólogo gallego Guillermo Márquez cree que las ofertas del Gobierno a la oposición suelen hacerse “a quien no es alternativa” y “para que no llegue a serlo”
 

CEUTA
Gonzalo Testa

local
@elpueblodeceuta.com

Entre un teorema y una teoría hay una diferencia tan grande como entre esta y la práctica. Además, ambas sirven para constatar la del medio. El líder de la oposición en la Asamblea, Mohamed Ali, redujo ayer al nivel de teoría las hipótesis sobre sus presuntas negociaciones con el Partido Popular para entrar en el Gobierno de Juan Vivas. El presidente de la UDCE se limitó, a la defensiva, a decir que poder todo puede ser, pero que haber no hay nada: “Todo son elucubraciones y no vamos a valorar absolutamente nada más allá de lo que es nuestro apoyo a los Presupuestos”, rechazó tajante cuando, una y otra vez, se le preguntó sobre qué haría si tal o si cual.

“Somos un partido joven y luchador que no está obsesionado por entrar a gobernar”, contrapuso Ali a quienes le pintan loco por tocar poder, aunque paradójicamente no cerró ninguna puerta: “Por hablar nadie pierde nada y nosotros no somos de darle un no rotundo a nadie”, afirmó antes de recordar que si hace un año ni siquiera mantenía relaciones institucionales con la Ciudad y ahora vota a favor en el debate político más importante del año fue porque, tras las elecciones, su partido decidió que “por el bien de todos y por la estabilidad de la ciudad es bueno que gobierno y oposición mantengan unas buenas relaciones”. Antes de dar cualquier paso más adelante, anunció, consultará a su militancia.

Por todo ello, la experiencia de los sucedido durante las últimas semanas demuestra que casi más importante que saber qué haría o no Ali en ese supuesto es conocer por qué estaría dispuesto el PP a ofrecer un pacto de Gobierno desde su mayoría absolutísima al primer partido de la oposición.

El catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Santiago de Compostela Guillermo Márquez, que cumplió 14 meses de mili en Ceuta entre 1978 y 1979, es uno de los mayores expertos nacionales en la “práctica coalicional”. Uno de sus trabajos, titulado ‘La formación de gobierno y la práctica coalicional en Ceuta y Melilla (1979-2007)’, versa exclusivamente sobre este capítulo y formará parte de libro que publicará el próximo mes de enero sobre este mismo tema. Ayer, desde la capital gallega, Márquez encontró rápidamente un teorema donde situar la teoría de la hipotética oferta del PP a UDCE-IU. “Desde 1979 hasta ahora”, explicó el catedrático, “ha existido una práctica de integrar a miembros de la oposición o de otras minorías que yo he denominado de la cooptación y que se puede concretar a través de coaliciones previas o de invitaciones a formar parte, con o sin atribuciones de áreas, de la Junta de Gobierno local”.

La “corresponsabilidad”, un peligro

“Está destinada a la adquisición o el mantenimiento del poder potencial de unos actores sobre otros”, describe Márquez este tipo de ofertas, que “siempre” se producen “cuando no representan una alternativa a la formación dominante y para que nunca lleguen a representarla”. “Generalmente esto se hace para atemperar, prevenir o disuadir posibles coaliciones alternativas”, especula el politólogo gallego, a quien sorprende especialmente que “mientras UDCE está para los electores ceutíes en una posición en el espacio izquierda-derecha [0-10] de 2,19 el PP está en el 7,22 [a nivel estatal, 7,62]”.

Paradójicamente, sin embargo, en esa enorme distancia ideológica se encuentran algunas hipótesis prácticas. “Es posible”, elucubra Márquez, “corresponsabilizar al otro partido y lograr así una desmovilización de su electorado, que podría no entender un pacto así, y que salga beneficiado el PSOE o el bloque de Mizzian”.

“En cualquiera de los casos”, amplía, “la formación cooptada, que no forma parte nunca de una coalición inter pares, sino que surge de una oferta desde una posición dominante y de poder, queda siempre con un margen de maniobra bastante reducido: podría pactar políticas concretas vinculadas a qué cartera le dieran, pero en todo caso estaría supeditado a la política general de la ciudad”.

Más complicaciones: “A la hora de hacer planteamientos o reivindicaciones el elemento minoritario se queda pinzado, y de ello tenemos ejemplos de sobra en Galicia porque incluso las diferencias deben pactarse”, prosigue el catedrático, quien advierte de que este tipo de movimientos también genera “fricciones” en el elemento cooptante “al reducir su cuota de poder”. “El que hace la oferta”, concluye, “se supone que está muy seguro porque después se tienen que corresponsabilizar de todo, pero también debe saber que da a la parte minoritaria la posibilidad de demostrar que puede gestionar y puede hacerlo bien”.
 

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