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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / SNIPER

Gaddafi, el ex terrorista petrolero
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

Para este viaje no hacían falta esas alforjas. Al final, tanto la orgullosa Francia (vejada y escupida hace días en su propia tierra) como la desvertebrada España se tragaron su ¿dignidad? haciendo de la necesidad virtud, escenificando la comedia y recibiendo con todos los honores de Estado (a la mierda con ellos y a otro perro con ese hueso) a este espeso personaje, antiguo paria de la comunidad internacional (recordemos el Boeing 747 de Lockerbie, los atentados terroristas en Alemania o el ataque con misiles Scud a la isla italiana de Lampedusa) al que los F-16 norteamericanos “ayudaron” a recobrar el juicio tras zumbarle en Trípoli y Bengasi el 15 de abril de 1986. Según parece ni en Sevilla ni en Madrid Muammar El-Gaddafi, iluminado guía de la revolución Libia, menospreció la democracia, ridiculizó los símbolos religiosos ajenos a la Media Luna o justificó engallado su pasado terrorista, como no dejó de alardear en París ante un mercachifle Sarkozy más mudo que Harpo Marx; antes al contrario, después de su sarao sevillano con el opusiano matrimonio Aznar (que luego José Mari no critique a Zapatero) se plantó arrogante en Madrid, “capital europea fundada por los árabes” como no dejó de recordar regalándonos, además, dos perlas cultivadas. Por un lado glosando el añorado Al Andalus: libios y españoles “llevamos casi la misma sangre”; nada que objetar. Por otro, apuntando con certeza una histórica realidad a la que me sumo: “ambas costas del Mediterráneo han intercambiado invasiones mutuas”. No está mal, recojo la cita.

Detrás de tanta ceremonia Francia y España, con más miedo que vergüenza, no han querido dejar la ocasión de granjearse un buen puesto ante la jugosa cuota de mercado del gas y petróleo libio, del que nuestro país se abastece al día de hoy en un modesto 8% de sus necesidades, por no hablar de la interesante posición de Repsol YPF en el país. Para España el cerrar acuerdos con Libia se ha vuelto una prioridad estratégica en el Magreb, pues contenidos los intereses españoles en Marruecos (donde Francia sigue arañando terreno) y burdamente desplazados en Argelia (el grupo francés Total echó a la cuneta a las empresas Repsol y Gas Natural, que además podría llegar a tener que abonar un 20% de subida por el suministro), Libia se perfila -cerrando los ojos- como alternativa.

Aparto manoteando una antigua edición del “Libro Verde” (mamarrachada política que hace años hizo furor en un conspicuo catedrático comunista, David Ruiz, quien en 1.983 logró becar para un viaje de estudios a Libia a quince universitarios asturianos) y tras alumbrar mi vieja pipa, echarme en el coleto un generoso trago de raspante orujo y encender la chimenea me enfrasco a deleitarme un rato leyendo al genial Quevedo, acariciado por el calor y crepitar de las llamas: “Madre, yo al oro me humillo; él es mi amante y amado pues, de puro enamorado, de continuo anda amarillo; que pues, doblón o sencillo, hace todo cuanto quiero, poderoso caballero es don Dinero”. ¡Ay Europa!. La historia enseña el escaso empuje de avariciosas y decadentes repúblicas comerciales, malamente federadas, corruptas y cobardes, caídas como fruta en sazón al primer golpe de viento… Por cierto, ¿financiará al final Libia a ciertas asociaciones de la comunidad islámica de España?.
 

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