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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2007

 
OPINIÓN / LAS NOTAS DEL QUIM

Historia de una gaviota

Por Quim Sarriá


Paseando por Independencia antes de entrar en redacción, rememoro algunas escenas del verano pasado, pensando también en las nieves que cubre parte de la península y casi media Catalunya. Se acercan las fiestas navideñas y ello implica que nos vayamos preparando, mi familia y yo, para un nuevo desplazamiento a la ciudad donde transcurrieron más de cuarenta años de mi vida y donde he dejado jirones de la misma en forma de otros tantos seres humanos.

En mis rememoraciones echo a faltar a mi amiga ocasional del estío, una de esas amigas que uno se encuentra de manera fortuita en cualquier lance veraniego y que hace pasar un grato momento de contemplación. No, no sean Vds. tan mal pensados, por favor, me estoy refiriendo a una gaviota que conocí durante unas de mis correrías fotográficas por la ciudad.

Era una gaviota minusválida física, que yo le dí el apodo de “gaviota pirata” porque carecía de parte de la pata izquierda. La conocí mientras descansaba, apoyada en el paramento que no se si llamarlo malecón o barandilla existente en el Paseo Colón, de su vuelo en competencia con otras hermanas a la caza de la cotidiana comida. La “gaviota pirata” me hizo el honor de no salir en estampida y posó para el retrato de una manera grácil y soberbia. Se ve que inspiro confianza ¿no?

Ignoro qué accidente habrá tenido la “gaviota pirata” para perder parte de la pata, ya que no entiendo las explicaciones que trataba de darme a través de, es natural, los grititos que emite y no creo que exista intérprete para ese idioma volátil.

Como supongo sabemos por estos lares, por algo somos caballas apegados al mar y a la fauna que compone el reino de Animalia, las gaviotas son aves voladoras de la familia Laridae. La “gaviota pirata” es del género Larus, al que pertenecen la mayoría de las gaviotas, de plumaje blanco, con alas grises y un poco más oscuro el timón de la cola. Como mi amiga la “gaviota pirata” es del orden Charadriiformes, está relacionada con el agua a pesar de que el orden está dividido en 6 subórdenes de 18 familias con 85 géneros y 366 especies conocidas (casi una por día en año bisiesto), le corresponde a ella ser la representante genuina de tan volátil partido de Animalia. Por algo es conocida, su especie, como gaviota plateada, ‘larus argentarus’ y su tamaño es grande.

Acostumbra a volar bien alto por la zona de la bahía Sur entre el Cabo Negro y la cúpula del campanario de la derecha de la Catedral, según se mira su fachada, en un vuelo que diríase inmóvil. La muy piílla busca frecuentemente capas de aire caliente para mantenerse sin mover las alas mientras sus amarillentos ojos vigila el mar, en busca de su comida.

Sabemos que las gaviotas son carnívoras y, a la vez, detrívoras. Se alimentan de cangrejos y peces pequeños principalmente, pero cuando éstos escasean o le dan por no aparecer en un largo período de tiempo, van a por lo que sea. Como mi amiga, la “gaviota pirata”, es muy lista y muy inteligente, sabe dónde buscar comida-basura. No es que la permitan entrar en cierta hamburguesería pero sabe encontrar su big-mac, chorreando de tomate, mostaza e invadido de microbios, entre los detritus que se dejan en la calle a la espera de su recogida. De ahí le viene el calificativo de detrívora.

Mi amiga está un poco cabreada porque cierto partido la ha tomado con ella en una reproducción tan estilizada que le da forma de golondrina más que de ella misma. Ella, la “gaviota pirata” es fiel a su espacio y la otra, que es de la familia ‘Hirundinidae’ es una inmigrante perenne de ida y vuelta. Además le molesta, a mi amiga, que la lleve en imagen paseando por doquier agarrada a un agujero de las solapas chaqueteras. No comprende cómo es que esa gente tenga tan escasas ideas sobre diseño. Está tan cansada de oír discursos tan repetidos, que ya no sabe si se referían a la ETA o a la TETA. Tan cansada está que, tal vez por psicoquinesis, me pide que le compre una articulación protésica para su pata. Tan cansada está de esos discursos inútiles para el país como de estar apoyada eternamente, cuando quiere precisamente descansar, en una sola pata. Los años le pesan y el cuerpo también. Yo también
 

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