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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 26 DE DICIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / EL OASIS

Cargo gafado
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Otra vez me toca repetirme: ser delegado del Gobierno no es tarea fácil en ningún sitio, serlo en Ceuta, más que difícil es misión complicada, complicada, complicada. Bien mirado, es un trabajo arduo, engorroso... Pero, además, hace tiempo que los representantes gubernamentales han sido presas fáciles de las desgracias. Lo cual me lleva a pensar en que hay algún cenizo en el edificio de la plaza de los Reyes.

Pueden llamarme supersticioso si lo desean, pero echen la vista hacia atrás y pónganse a indagar en la vida de todos los gobernantes que pasaron por la Delegación del Gobierno. Empezando por Manolo Peláez... Y verán de qué modo la mala suerte se cebó con ellos. Cito de memoria: de ocho personas que accedieron al cargo, pocas consiguieron salir ilesas de él.

Por tal motivo, me extraña que Jenaro García-Arreciado haya declarado que recibiría una satisfacción si el Gobierno socialista, caso de ganar las elecciones, lo confirmara en el cargo cuatro años más. Porque hay que ser muy valiente para querer continuar ocupando un puesto donde quien no sale enfermo se pone a tiro de la justicia. Valiente o masoquista. Vaya usted a saber.

Jenaro García-Arreciado le ha dicho a Gonzalo Testa el domingo pasado, en una entrevista, que tiene la impresión de vivir en una ciudad que funciona obedeciendo a leyes distintas a las del resto de España. Los usos, los hábitos, las costumbres... Y ha dejado caer, como quien no quiere la cosa, los casos de altos cargos que se han sentado en el banquillo de los acusados. Y, lógicamente, se ha ganado la ira del presidente de la Ciudad. Lo cual es todavía peor que estar mediatizado por los problemas que suele acarrearles a los delegados del Gobierno de Ceuta, ese gafe que debe existir en donde moran.

La respuesta del político onubense, a la pregunta de si tiene la impresión de vivir en una ciudad corrupta, o al menos más corrupta de lo normal, ha sido calcada, cambiando lo que haya que cambiar, a la que Fernando Marín López, ex subdelegado del Gobierno, le dio a Paco Amores en el año de 1982. Una contestación que he aireado en varias ocasiones porque me parece de interés general.

Vayamos, otra vez, con ella: “Mire usted, Amores, llegan los interesados en que nada se innove y que se haga sólo su santa voluntad, procurando convencer con sutilezas y por medio de la influencia de ciertas amistades. Y si no lo consiguen se emplean con acciones directas y tratando de imponer sus leyes. Aquí se actúa con la palmada en la espalda, el tuteo indiscriminado y exigiendo que los despachos estén abiertos a todas las horas y para todas las personas que se creen relevantes. Lo que yo suelo llamar el chalaneo interminable. Prima la gestión informal; en definitiva, una especie de Administración oral”.

Juan Vivas, además de saberse de memoria el funcionamiento de esta ciudad y el comportamiento de quienes gustan de practicar ese chalaneo que mencionaba Marín López, estuvo un tiempo en la Delegación del Gobierno. Y conoce perfectamente cómo los delegados están sometidos a una presión enorme. Y lo están porque Ceuta, ciudad extraordinaria en muchísimos aspectos, genera también situaciones muy comprometidas para las autoridades. Por lo tanto, haría bien el presidente en echar mano de su bonhomía para evitar desencuentros con García-Arreciado.
 

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