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OPINIÓN - LUNES, 31 DE DICIEMBRE DE 2007

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Excursiones navideñas
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Les pregunto, por deferencia y no porque me interese su opinión ¿Hay algo más deprimente que una cárcel en Navidad? Pues a medias, por ejemplo un centro de acogida de vagabundos, o de mujeres maltratadas, o un comedor de pobres de esos que proliferan en nuestra europea España. Todos lugares tristes y lugares que parchean problemas sin resolverlos.

Los centros penitenciarios también parchean a veces, otras escarmientan, otras sirven para represalias, son mayormente punitivos, es decir, para joder al maleante. Aunque, a la postre se chingan todos por igual, al cincuenta por ciento, la mitad inocentes víctimas de la maldad, la estupidez y la ignorancia humanas y la mitad culpables que están bien donde están. Pero, aseveraciones aparte acerca de correctivos terroríficos a quienes hayan intervenido en la instrucción de una causa de donde resulte absolución, las prisiones en Navidad están heladas. Incluso la de Alhaurín, pese a los despliegues estéticos que se gastan, que aquello no parece una cárcel sino una sucursal del Corte Inglés, todo decorado, escamondado, pulcro hasta la asepsia, luces, árbol, adornos, parafernalia para consolar al menos el sentido de la belleza de los familiares y de los reclusos. Que no por estar en el hotel la Reja tienen menos derechos a disfrutar de la zambomba y la pandereta, de las guirnaldas y de los Belenes.

Alhauvips de la Torre o Pijahurín de la Torre y el Puerto de Santa María, ese destrozado penal, que respira decadencia y un punto de abandono. De hecho está en ninguna parte, allá donde Cristo pegó las tres voces, llegas a Jerez y de allí tiras por la carreterilla de Rota y a la izquierda te encuentras con esa cochambre ¡Que raro que, los malayos no hayan sido castigados desde los madriles a gozar de sus instalaciones! Bueno, con todo y con eso Jaén, donde se muere Julián Muñoz, es peor. Bien que la seleccionaron, a propósito, con premeditación y alevosía ¡A ver si se queda ya ciego y la gente deja de murmurar y porfiar con la subida de la cesta de la compra! ¡No vean el marketing! España entera pendiente de la pobre víctima, haciendo comentarios y sin que a ningún biennacido se le ocurra meterle a la Directora General de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, una querella por torturas y tratos vejatorios, inhumanos y degradantes. ¿O me cuentan como se les llama a las crueles conducciones de un pobre enfermo desde Jaén a Málaga, para asistir a juicios de pamplina? ¿Qué por que no la pongo yo? Porque no me lo han pedido pero por servidora, encantada y encima recojo firmas de adhesión a la querella, o mejor ¿Por qué querella? Una denuncia que se caguen hasta los apuntadores. Pero nada de acudir a los cursis de Amnistía Internacional, porque esos quieren tan solo casos publicitarios y lapidaciones con pedruscos reales, que no lapidaciones gotita a gotita, putadita a putadita, hasta que el tipo espiche con lentitud, sacándole bien el jugo al linchamiento.

El Puerto de Santa María y su raquítico Belén en el primer rastrillo, humilde pero hecho ¡con tanta ilusión! Y eso que esa mierda de cárcel tiene alambradas de espinos en los tejados ¡ cosa más tercermundista! Y ni una mísera maceta que llevarse a la vista, aunque espacio tienen. Lo que falta es iniciativa, ilusión y la creencia firme y tozuda de que, muchas de las criaturas que sufren entre barrotes son inocentes como pichones, o, sin ser inocentes del todo, son trajinosos inofensivos, o siendo “muy” trajinosos no suponen un riesgo para la comunidad, ni se trata de psicópatas violentos.

Veintiocho años pasados en el Penal de penas y cuanto más veo, en menos creo. Creo en el árbol de Navidad barroco de Alhaurín que despierta una risa en los hijos de los presos y en el Belencito del Puerto, una menudencia entre alambres de espino, pero con algo poético de esperanza hermosa, de que hay un más allá de esas puertas metálicas que se abren y se cierran y con solo oír el ruido te acojonas y te falta el aire. ¿Qué si me cisco en las cárceles españolas que puedo decir de las marroquíes? Pues nada. Porque, ni creo en Alianzas de Civilizaciones, ni me considero aliada con nadie ni es mi problema. Problema el de quienes, por intereses hediondos, mantienen relaciones diplomáticas con países donde tratan a las criaturas peor que a los perros. Yo voy a lo nuestro, a lo que nos toca el forro del corazón, porque, como está la cosa de mala, mañana nos puede tocar a cualquiera y pasar unas Navidades peregrinando en las colas de las comunicaciones. Esto está fatal.
 

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