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OPINIÓN - SÁBADO, 2 DE FEBRERO DE 2008

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Un año más, fiel a su cita anual, llegan nuestros carnavales dispuestos a llenar de coplillas, papelillos, serpentinas y alegría nuestras calles. Unos carnavales que cumplen éste año, si no nos equivocamos, sus bodas de plata. Y parece que fue ayer cuando un grupo de ceutíes, con más corazón que conocimientos, nos dispusimos a poner en marcha nuestros carnavales. Esa fiesta pagana dedicada al dios Momo que tanta raigambre tenía en nuestra tierra, donde alcanzó su mayor grado de esplendor con los bailes de disfraces que se celebraban en el por aquel entonces, llamado teatro del Rey.

Las comparaciones son odiosas y, por supuesto, no vamos a comparar aquellos carnavales con los que celebramos en la actualidad. La vida, con el paso del tiempo, ha ido cambiando y alcanzando una mayor modernidad y unos grandes avances técnicos que, de vivir, asombrarían a nuestros abuelos. Por eso dejemos a los de aquella época con la gloria alcanzada en sus carnavales y los actuales, procuremos alcanzar ese esplendor que ellos alcanzaron.

Dos épocas distintas y distantes que en nada tienen parecido alguno. Nuestra admiración a todos aquellos que lograron alcanzar un enorme éxito de carnaval en su época y vayamos a hablar del carnaval que nos ocupa, el de hoy, el de nuestros tiempos.

De aquellos hombres y mujeres que iniciamos los carnavales, pocos por no decir ningunos, seguimos subiéndonos al madero a seguir participando, en los mismos, de forma directa. Aunque es justo reconocer que algunos siguen ligados a los carnavales, participando de alguna forma en ellos.

Otros, como es mí caso, nos desligamos completamente de los carnavales, siguiéndolos por la televisión local. Quizás porque los que nos desligamos totalmente de ellos, creímos que había llegado la hora de decir adiós para dar paso a sabia nueva que trajesen ganas e ilusión, para seguir trabajando en pro de nuestros carnavales, tratando de conseguir superar el listón en el que nosotros, los pioneros del carnaval, lo habíamos colocado.

Quiero aclarar, para que no haya duda alguna, que me desligue del carnaval, porque así lo decidió el peor concejal de festejos en nuestra ciudad, en la historia de la democracia, Antonio Bastida. El hombre me mandó al ostracismo. La verdad sea dicha, no sólo a mí, sino a todos aquellos que habían levantado los carnavales queriendo, en todo momento, imponer sus deseos sobre como deberían ser los carnavales, de los cuales no tenía ni idea. Los carnavales durante su mandato, así como la feria, fueron cogiendo una cuesta abajo, que hizo de esas dos fiestas las peores celebradas. Ambas alcanzaron, gracias al desconocimiento del concejal, sus peores épocas.

Durante años hemos pagado las consecuencias de esa mala gestión y nos está costando Dios y ayuda levantar nuestros carnavales. Pero poco a poco, sin prisa pero sin pausa, están volviendo a coger el esplendor que tuvieron.

De nuevo éste año, desde la tranquilidad del sofá, volveremos a ver nuestros carnavales.
 

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