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OPINIÓN - LUNES, 18 DE FEBRERO DE 2008

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

Selecciones para la secesión

Por Francisco Antonio Gzlez. Pérez y Jacobo Beltrán, diputados del PP por Ceuta y Madrid


Hace pocos días [el 29 de diciembre de 2007] la inmensa mayoría de los españoles pudo comprobar con desagrado el verdadero objetivo de los organizadores del partido de fútbol amistoso País Vasco-Cataluña celebrado en el histórico estadio de San Mamés. Un partido no oficial entre dos selecciones autonómicas se convirtió en un aquelarre separatista en el que se quemaron banderas de España, se gritó por la independencia del País Vasco, Cataluña y Galicia, y se bramó por el traslado de presos terroristas a las cárceles del País Vasco. No es la primera vez. Desgraciadamente, en esta legislatura estos bochornosos espectáculos promovidos por los socios del Gobierno del PSOE han sido una constante que ha contado con el silencio cómplice de Zapatero. Han sido, también, el fruto de la política territorial de Zapatero, con Estatutos como el de Cataluña que califican de “naciones” a lo que sólo son una parte de la única Nación que existe en España, la española. Sólo hay una camiseta que nos representa a todos, y ésa es la de la selección española. Inventar “selecciones nacionales” es, por tanto, una vuelta de tuerca más de los que pretenden la secesión.

En este período de Gobierno de Rodríguez Zapatero, la mayoría de los españoles asiste atónita a un espectáculo poco edificante: la utilización del deporte con fines políticos por los partidos nacionalistas y separatistas. Los socios del Gobierno socialista pretenden crear y fomentar el sentimiento de que se vive en una nación distinta a la española, que nada tiene que ver con la patria común de todos. Con ese objetivo, pretenden el reconocimiento internacional de las selecciones deportivas autonómicas, conscientes de la trascendencia que el deporte tiene en la sociedad actual y la atención mediática que genera.

El proceso comenzó años antes, con inocentes partidos amistosos de fútbol, fuera del calendario oficial de la FIFA, entre selecciones autonómicas y selecciones oficiales de países soberanos. Esa semilla navideña cargada de buenas intenciones (los partidos se celebraban en Navidades coincidiendo con el paréntesis vacacional de la competición de clubes) se ha transformado en Cataluña y en el País Vasco en una reivindicación recurrente apoyada por sus respectivos Gobiernos nacionalistas e independentistas. Esta reivindicación está respaldada por el presidente socialista de Cataluña, José Montilla, que ha sido ministro del Gobierno de España.

A nadie se le escapa que el deporte es uno de los vehículos de mayor impacto mediático y social de los últimos 50 años. Los dirigentes nacionalistas y separatistas lo saben, y por eso tensan la cuerda con la utilización política del mismo. El problema fundamental es que en esta legislatura han encontrado una respuesta ambigua y comprensiva del actual Gobierno de la Nación. Es la consecuencia de esa nueva teoría-ZP de la pluralidad de “nación de naciones”, de la nación como “concepto discutido y discutible”. Y, sobre todo, es la consecuencia de la decisión de Zapatero y del actual PSOE de fraguar alianzas “como sea” con tal de conseguir gobernar.

En Cataluña, y dentro del Gobierno tripartito presidido por el socialista Montilla, quien más ruido hace es ERC (Esquerra Republicana de Cataluña). En marzo-abril de 2004, en pleno período de transición de Gobierno tras las elecciones generales, vimos cómo la Federación Internacional de Hockey sobre patines denegó la solicitud presentada por la Federación Catalana de ser admitida como miembro de la misma en igualdad de condiciones que la española. Luego vino aquella foto, cuando menos curiosa, del entonces presidente de la Generalitat, el socialista Pasqual Maragall, con la selección de jockey sobre patines catalana en el Mundial B, en Macao. Más tarde, vimos intentos similares con deportes tan poco conocidos y practicados como el “korftball”. Finalmente, se produjo la visita al presidente del Comité Olímpico Internacional, encabezada por un consejero del tripartito, para proponer la genial idea de organizar unos “Juegos Olímpicos sin Estados”. En el ínterin, ese mismo dirigente de la izquierda republicana independentista no ha tenido problema alguno en convertirse en el factótum de la Fórmula 1 en Cataluña, o en fotografiarse en compañía del patrón de dicha competición.

El lamentable esperpento exhibido en Bilbao no ha sido sino la segunda parte del que vimos hace algunos meses en Barcelona. El partido de fútbol Cataluña-Euskadi, disputado el 8 de octubre de 2006 en el Camp Nou, se convirtió, en las gradas, en un homenaje al sanguinario terrorista Iñaki de Juana Chaos, responsable de 25 asesinatos, que por entonces estaba en huelga de hambre. Recordemos que, más tarde, el Gobierno lo puso en semiarresto hospitalario. Eran los tiempos nada lejanos en los que los socialistas, con Zapatero y José Blanco a la cabeza, llamaban a los etarras “hombres de paz” e instaban a los ciudadanos a “mirar a los ojos a los terroristas”. Sólo la indignación popular masiva les obligaría a devolverlo a prisión. Aquel partido fue jugado, además, durante el calendario oficial de la FIFA.

También es necesario recordar la pancarta que reivindicaba a los “Países Catalanes”, exhibida y desplegada en el centro de un gran estadio antes de un partido oficial, y que fomentaba el enfrentamiento de unos territorios contra otros. La Generalitat de Cataluña y el Gobierno del País Vasco dedican miles de euros a esta actividad de “promoción exterior del deporte”. Con esa inversión de dinero público, del dinero de todos, logran –por citar algunos ejemplos– el reconocimiento internacional de los bolos, de una pachanga de fútbol sala en Siberia o en el Cono Sur, o de la sogatira en el País Vasco. La lista de despropósitos comienza a ser larga, y ahora se une también la búsqueda camuflada de un respaldo legal para estas reivindicaciones, así como la utilización de los estatutos de las Federaciones deportivas territoriales para lograr el reconocimiento internacional de los equipos vascos por otra vía. Es la nueva táctica con la que responden a la actual paralización de las leyes vasca y catalana del Deporte por el Tribunal Constitucional en los supuestos de internacionalización de sus respectivas Federaciones. Esto no pasa en ningún otro país del mundo El último episodio de este proyecto de crear selecciones deportivas “nacionales” vasca, catalana o gallega y de pretender su reconocimiento internacional se exhibió el pasado 29 de diciembre en San Mamés. Los Gobiernos vasco, catalán y gallego firmaron en el estadio bilbaíno su Declaración de San Mamés,en la que reclaman el reconocimiento internacional de sus selecciones pretendidamente “nacionales”.

Uno de los tres Gobiernos autonómicos firmantes, el vasco, está presidido por un nacionalista: Juan José Ibarretxe. Los otros dos, el catalán y el gallego, lo están por sendos socialistas: José Montilla y Emilio Pérez Touriño. Ése es el principal problema, que las reclamaciones nacionalistas tienen el aval de presidentes autonómicos del PSOE que están en perfecta sintonía con el líder de su partido y todavía presidente del Gobierno de España. En Cataluña y en Galicia, como en Baleares, no gobiernan quienes ganaron con una amplia mayoría las elecciones; gobiernan los partidos bisagra que las perdieron. Lo hacen con un lema que comparten con los socialistas: gobernar a cualquier precio. Y, en el caso de los nacionalistas, controlar las Consejerías clave para su estrategia soberanista.

El pacto para que no gobierne el PP, en el que se ha involucrado el actual PSOE con el nacionalismo independentista en estos últimos cuatro años, puede haberle reportado réditos a corto plazo. Pero ese corto plazo ya está agotado y, en el medio y largo plazo, el partido socialista tendrá que afrontar las consecuencias de la pérdida de referencia política de sus siglas y de sus dirigentes. Se ha agotado porque ya es evidente que el PSOE es incapaz de ofrecer soluciones a los verdaderos problemas de los ciudadanos. El ejemplo más visible de esta incapacidad política es la Cataluña del actual tripartito. Chapuzas, apagones, retrasos en los ferrocarriles, averías y derrumbamientos. Pero es que su prioridad es otra. Por ejemplo, todo este enredo de las selecciones deportivas. Además, el objetivo imposible de reconocimiento internacional que buscaba esa Declaración firmada por los Gobiernos del peneuvista Ibarretxe y los socialistas Montilla y Touriño es impensable en Europa. Alemania, por ejemplo, es un Estado federal, pero desde la unificación hay un único equipo nacional: el alemán. Existen las selecciones de Munich, Berlín o Bremen, pero para partidos de aficionados, sin ánimo ni pretensiones de internacionalidad. Y, desde luego, nadie en Francia o Italia entiende a qué aspiran selecciones regionales con pretensiones de carácter nacional. Allí eso es impensable, pero aquí tiene un objetivo muy claro: ser selecciones pretendidamente “nacionales” porque el fin último de los nacionalistas que las impulsan es la secesión. Reino Unido es un caso especial. Las Asociaciones Nacionales de Fútbol de Gales, Escocia, Irlanda del Norte e Inglaterra sí tienen selecciones independientes.

Tienen este privilegio y estatus particular porque sus Federaciones son más antiguas y anteriores a la fundación de la FIFA y la UEFA. En el Reino Unido esto ocurre excepcionalmente con el fútbol y el rugby, pero no con la mayoría de deportes. Y, por supuesto, no existe la selección británica de fútbol. A nadie le cabría en la cabeza un partido de fútbol Gales-Reino Unido, que es el equivalente a lo que aspiran a organizar los separatistas que gobiernan con Zapatero. A nadie en el Reino Unido se le ocurriría afirmar, como en su momento hizo Maragall, que España se tiene que buscar otro nombre para poder competir contra la selección catalana. Además, esto no ocurre en el Reino Unido con ningún deporte olímpico. A la hora de competir en los Juegos Olímpicos, las selecciones del resto de las modalidades deportivas se integran en un solo equipo: Reino Unido.

La historia del fútbol español acrecienta el ridículo del aquelarre independentista de San Mamés. La selección española de fútbol nació como tal en 1920 en Amberes. Allí recibió el sobrenombre, ¡nada menos!, de “furia española”, en recuerdo al saqueo de Amberes entre el 4 y el 7 de noviembre de 1576 por parte de soldados españoles amotinados.

Esa “furia española” nacida en Amberes en 1920 ganó a Dinamarca, Suecia, Italia y Holanda con un equipo en el que formaban 13 vascos, 4 catalanes y 4 gallegos. Entre ellos destacaba el legendario portero barcelonés Ricardo Zamora. Fueron vascos, catalanes y gallegos los elegidos por Paco Bru, el técnico español, para el arranque de esa selección española de fútbol que ahora otros vascos, catalanes y gallegos quieren hacer desaparecer para crear en su lugar unas selecciones más acordes con sus desvaríos secesionistas. En aquellos Juegos Olímpicos de 1920, España consiguió su primera medalla de plata.

¿Qué dice la ley al respecto?

De acuerdo con la Constitución española, la participación de selecciones de las distintas Comunidades Autónomas de España en competiciones internacionales oficiales es constitucionalmente inviable. Lo es aunque lo pidan tres Gobiernos autonómicos en una desafiante y anticonstitucional declaración en San Mamés. Está en contra del marco jurídico vigente de organización política del Estado español, que emana de la Constitución de 1978, y en contra de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional. El sistema jurídico español en materia deportiva está constituido por la Ley del Deporte (Ley 10/1990, de 15 de octubre), el Real Decreto sobre Federaciones Deportivas Españolas (RD 1835/1991) y el Real Decreto sobre Actividades y Representaciones Deportivas Internacionales (RD 2075/1982).

[...]

La Ley del Deporte dice (en su artículo 30) que las Federaciones Deportivas están encargadas de funciones públicas de carácter administrativo y las considera “agentes colaboradores de la Administración”. Es decir, que manteniendo su naturaleza jurídico-privada, las Federaciones realizan funciones públicas por delegación. Por lo tanto, las Federaciones Deportivas Españolas son asociaciones cuya configuración legal difiere de la de los clubes, y se constituyen con autorización previa y preceptiva del Consejo Superior de Deportes, que aprueba sus Estatutos. Además, es obligatoria su inscripción en el Registro de Asociaciones Deportivas. Con el objetivo evidente de saltarse la legislación común, la Ley del Deporte de País Vasco (Ley 14/1998, de 11 de junio) promovía (en su artículo 16.6) la participación de las selecciones vascas en competiciones internacionales. Esta pretensión fue impugnada mediante recurso de inconstitucionalidad, por lo que dicho precepto está suspendido de forma indefinida hasta que se falle el recurso en cuestión. La suspensión fue ratificada el 9 de febrero de 1999 mediante un auto del propio Tribunal Constitucional. Por tanto, si ha de cumplirse la Constitución y la doctrina constitucional, queda reservada exclusivamente al Estado la ordenación del Deporte Nacional e Internacional así como la necesaria coordinación de las actividades deportivas autonómicas.

El nacionalismo independentista busca avanzar hacia su fin último de secesión (o de amenaza de secesión) a través del deporte, de su tejido social y de su relevancia mediática. El deporte –no nos equivoquemos– juega un papel educativo de primer orden. Es una escuela de valores y, como tal, no es ajeno a la estrategia de control social que el nacionalismo quiere imponer a toda la sociedad. El nacionalismo aspira a imponer la identificación de la gente con una “idea de país” con visión y sentimientos nacionalistas propios. ¡Qué mejor forma de darle visibilidad que a través del deporte! Ésta es la tragicomedia de la utilización del deporte con fines únicamente políticos y al servicio de una causa anticonstitucional. Cesión tras cesión, finalmente sólo queda la abdicación de principios y valores.

El deporte, desde la alta competición a la base, exige soluciones a problemas serios: cómo mejorar y garantizar la viabilidad de su financiación, dotarlo de más recursos, vigilar y castigar el dopaje, erradicar la violencia en todas sus formas, acabar con las apuestas ilegales, y un largo etcétera. Desde los poderes públicos se puede ayudar a dar respuesta a esos problemas con la colaboración del mundo del deporte. Se trata de mejorar su imagen entre los ciudadanos, con el apoyo activo de los medios de comunicación, y de poner en marcha políticas de promoción, prevención e integración. En suma, utilizar la ley contra todos aquellos que quieren hacer del deporte lo que no es. El deporte no es violencia; no es política; no es ni puede ser un instrumento de exclusión. Desde los poderes públicos se puede, y se debe, favorecer que uno de los fenómenos más universales se practique conforme a unos valores, unas reglas y unas normas comúnmente aceptadas, emanadas por las legítimas instituciones que representan al Deporte: el Comité Olímpico Internacional, las Federaciones y órganos del Deporte nacionales e internacionales.

Un futuro muy próximo

En muy pocos meses, el próximo Gobierno de España tendrá que dar soluciones a los problemas creados en esta legislatura. Uno de esos problemas es la utilización del deporte para espolear el independentismo. Es necesario que los órganos de las Federaciones Nacionales de cada deporte se expresen con claridad cada vez que se plantee cualquier desafío desde las federaciones territoriales y así lo manifiesten en sus órganos de Gobierno. Es en este marco donde deberían desarrollarse los cauces adecuados de representación de cada una de las Federaciones territoriales de cada Comunidad Autónoma.

El Consejo Superior de Deportes debería mantener un procedimiento de coordinación tanto con las Federaciones Nacionales como con las Internacionales. Éste es uno de los motivos por los que la presencia de directivos españoles en Federaciones Internacionales –y, en concreto, en sus órganos de decisión– será una prioridad del próximo Gobierno del Partido Popular. Las leyes autonómicas del Deporte deberían recoger una cláusula expresa que diga que sus selecciones autonómicas representan a sus Federaciones territoriales de acuerdo con lo establecido en la Ley Nacional del Deporte. Es decir, que no pueden participar en competiciones internacionales oficiales. Y, si lo hacen en las no oficiales, será con autorización expresa del Consejo Superior de Deportes y de su Federación Nacional correspondiente. Sería bueno que la iniciativa partiera del ámbito autonómico como ejemplo de autorregulación voluntaria, solidaridad y cohesión.

El Estado, las comunidades autónomas y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) tienen que comenzar a poner las bases jurídicas que hagan posible una ley de cohesión del deporte, de forma que se introduzcan nuevos órganos de colaboración y coordinación entre el Estado y resto de las Administraciones. Lo deseable, y en ello trabajará el Partido Popular, es que la idea de España tenga su lógica y muy querida traducción en el deporte, como imagen de la representación y la cohesión de todos los españoles en torno a la Nación de todos. Esa Nación es España.

[El diputado ceutí Francisco Antonio González Pérez presenta hoy junto a Mariano Rajoy el programa de Deportes del PP]
 

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