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OPINIÓN - SÁBADO, 8 DE MARZO DE 2008

 

OPINIÓN / SNIPER

Terrorismo en Marruecos: la caja de Pandora
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

Mientras el “teléfono árabe” empieza a parlotear chismorreando sobre redadas con centenares de detenidos, el pasado viernes se abría la segunda fase sobre la red terrorista desmantelada en los últimos días: la fase de instrucción judicial. Mientras tanto, una comisión policial belga habría volado hasta Rabat para intercambiar datos y coordinar informaciones con sus colegas marroquíes.

Por otro lado y según los diarios “Al Ittihad Al Ichtiraki” del miércoles 5 y el islamista “Attajdid” (órgano del MUR, el núcleo duro del partido PJD) del jueves siguiente, el secretario general del disuelto partido “Al Badil Al Hadari” (Alternativa Civilizacional), Mustafá Moâtassim, habría informado hace tres años a las autoridades marroquíes de la introducción de armas en el país. Según el parlamentario y abogado defensor Mustafá Ramid, Moâtassim le habría confiado que había pedido a un amigo, Ahmed Herzenni, que comunicara estos hechos de los que había podido saber por una confidencia. Herzenni le abría asegurado que el aviso había llegado a su destino, por lo que se abren varios interrogantes: el mensaje del político islamista actualmente detenido no fue recibido por ningún interlocutor válido, no fue tomado en serio, el aviso llegó demasiado tarde o -también pudiera ser- nunca fue cursado… En todo caso hay una realidad evidente: el Reino de Marruecos adolece, al día de hoy, de una entidad que coordine y encauce los canales operativos y de información de los diferentes servicios de seguridad del país, notoriamente fragmentados, entre la Policía y Gendarmería Real (las más visibles), la DGED y la DGST, a las que podrían añadirse las Fuerzas Auxiliares y la Inteligencia militar.

A la bella Pandora, según la mitología griega la primera mujer sobre la tierra, los dioses le regalaron una misteriosa caja con la imperativa advertencia de no abrirla jamás. La innata curiosidad femenina llevó a la infeliz Pandora a su apertura, brotando entonces de su interior todos los males que desde su imprudencia azotan el mundo. La evolución del terrorismo globalizado, con el islamista a la cabeza, se muestra hoy como una insondable caja de Pandora en cuyos arcanos se esconden realidades insospechadas. De la red “Belliraj” solo se ve aun, como en un iceberg, la parte que aflora en la superficie. ¿Cómo es posible que si Abdelkader Belliraj fuera un cualificado confidente, al menos desde hace 8 años, de los servicios de información belgas (coincidiendo con su acceso a la nacionalidad del país) pudiera a la vez participar directamente en diferentes atentados?; ¿cómo ha logrado pasar inadvertido hasta su reciente detención?: por sus habilidades camaleónicas, su “taquiya”, ¿o acaso amparado por altas y oscuras complicidades?. Porque según confirmó el pasado día 3 Jo Vandeurzen, ministro belga de Justicia, la Seguridad del Estado había emitido antes de concederle la nacionalidad un informe al Procurador del Rey señalando ciertos vínculos del rifeño Belliraj con “el movimiento islamista argelino-marroquí y medios marroquíes pro iraníes” (sic). Lo dicho: la caja de Pandora aun tiene mucho que vomitar. Un detalle más: se ha confirmado que las armas habrían entrado, camufladas en camiones, por las concurridas fronteras de Ceuta y Melilla, bajo el amparo y experiencia de las mafias de la droga y la emigración.
 

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