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sociedad - JUEVES, 20 DE MARZO DE 2008


DOS CHICAS LLORANDO. NICOL'S.

SEMANA SANTA 2008 / MIÉRCOLES SANTO
 

El látigo de la lluvia fustiga
la salida procesional de la Flagelación y la Caridad

Pasadas las 17.00 horas la cofradía, para lamento de los hermanos, optó por preservar las imágenes ante la ligera precipitación que caía sobres las calles ceutíes
 

CEUTA
Luis Parodi

local
@elpueblodeceuta.com

La previsión de lluvia traicionó a los hermanos de la cofradía de la Flagelación que tenía prevista su salida procesional a partir de las 18.00 horas. Sin embargo, minutos antes de que se produjera, la Junta de Gobierno decidía cancelar la salida a la calle Teniente Pacheco. A última hora de la mañana, el hermano mayor, Francisco Moreno Lechuga, comunicó que sería posible procesionar hasta la Santa Iglesia Catedral, ya que el Instituto Nacional de Meteorología pronosticó que sería a partir de las 23.00 horas cuando comenzaría el riesgo por precipitaciones. La cofradía pensó en dejar las imágenes en la Catedral.

Además de lágrimas había de todo dentro de la Casa de la Hermandad de la cofradía de la Flagelación y María Santísima de la Caridad. Había niños pequeños que desenfocaban su mirada, destinada a un alboroto que fatigaba el desahogo de los presentes. “Sólo nazarenos y costaleros”, decía uno de los miembros de la Junta de Gobierno después de que se conociera la noticia. Sólo ellos tenían el privilegio de rendir pleitesía a sus imágenes.

Pasaban las 17:15 horas de la tarde cuando el hermano mayor de la cofradía anunciaba, después de deliberarlo con la Junta de Gobierno, la noticia de que no habría procesión este año. La lluvia se coló por las rendijas de la tarde, haciendo estragos multitud de sueños y horas de espera que se marchaban por entre las alcantarillas de la nostalgia. Las imágenes dormirán en su templo desde finales de marzo y volverán a intentarlo el próximo año.

La Flagelación ha conseguido hacerse un importante hueco en la Semana Mayor ceutí, convirtiéndose en una de las cofradías señeras del centro. Su salida por la calle Teniente Pacheco se ha convertido en uno de los enclaves para muchos amantes de esta fiesta. La estrechez de la calle, el aroma del barrio y las balconadas que mecen a su cristo hacen de su recorrido una estampa memorable año tras año. Por eso, muchos ciudadanos, resguardados en sus paraguas de la fina lluvia que trastocó los planes de todo un año, guardaban el sitio por si acaso cedía, en recompensa de la devoción, esa agua que ayer arrebató tanta alegría.

El hermano mayor Moreno Lechuga, comentó a última hora de la mañana que, según los pronósticos, solo cabía la posibilidad de lluvia a partir de las 11 ó 12 de la noche. Iluso pensaba que la procesión quizá tuviera que dormir en la Santa Iglesia catedral por precaución. No fue posible siquiera alcanzar la primera de las estaciones de penitencia y los nazarenos se quitaron el capirote antes de que quedara marcada en su frente la seña, antes de que sus pelos se recogieran en cada una de las casas, trastocado por horas de penitencia en las calles. No fue posible alcanzar esa satisfacción. Las miradas, vencidas por la realidad, como el cielo, también llovían y los ojos se manchaban del color rojo de la sangre, que acumulaban sentimiento y emoción. Pocas palabras podían articular. Muchos desearon que, por lo menos, durante los dos días que quedan de Semana Santa, se puedan ver procesiones en las calles de la ciudad.

La Flagelación es una de las cofradías que más devotos contempla en las diferentes zonas de la Península. Son estudiantes o trabajadores que regresan a casa en Semana Santa y que dejan para el Miércoles Santo el plato grande de sus vacaciones. Habría que esperar otro año.

“Antes de iros, los que tengan túnicas prestadas que las dejen”, pedía una de las hermanas desde la segunda planta de la Casa. Y antes de que se cerraran las puertas, las Bandas de Música contratadas -de Bailén en el Cristo y la Municipal en la Virgen- dedicaron tres marchas cada una a los fieles para que terminaran de desahogarse por completo ante el sonido estremecedor de los instrumentos musicales. Juan Vivas, presidente de la Ciudad, acudió luego para consolar a los fieles.
 

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