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OPINIÓN - SÁBADO, 5 DE ABRIL DE 2008

 
OPINIÓN / crítica de teatro: ‘ajuste de plantilla’

La presión laboral como metáfora de la pérdida de valores

Por Rober Gómez


DEBAJO de las chaquetas de los caros trajes de los dos personajes de la obra Ajuste de plantilla se esconde la verdad: metáfora del riesgo inherente de pérdida de valores desde que Adám y Eva fueron expulsados del Paraíso.

Ajuste de plantilla, que hay que celebrar por lo alto que se estrenase a nivel nacional en Ceuta, juega con el espectador durante la primera media hora. Uno se dice: “A mí me parece que es una obra que trata temas sociales”. En una época en que las sirenas suenan por el agotamiento del modelo económico inmobiliario, la ópera prima del madrileño Pedro Jiménez parece abocada a tocar asuntos que siempre han estado de actualidad y que más lo van a estar: desempleo, competencia, corrupción, nuevas tecnologías, hipocresía, servilismo, alienación...

Cuando se da el golpe de timón –hasta aquí puedo leer, que diría Maira Gómez Kemp– los temas giran hacia la amistad, la traición y... finalmente, se agrupa todo en torno a la falta de valores de la sociedad moderna: la que reluce en las cristaleras de los altos edificios iconos del poder.

Nada es lo que parece ¿o sí? ¿Se puede aplicar el código moral de esos dos hombres al mundo empresarial en general? Bueno, eso es mucho decir, pero te hace pensar hasta qué punto el ser humano pierde su dignidad por un salario.

La falta de escrupulos que ha regido la vida de los dos protagonistas deja poca esperanza a ambos cuando el castillo de naipes se desmorona: una vida construida sobre mentiras. Ni siquiera la cínica amistad entre ellos sobrevive.

La escenografía que representa una lujosa sala de juntas se torna en un infierno hortera y con gusto mafioso cuando uno descubre el pastel.

Mención aparte merece el duelo interpretativo entre los dos actores del Centro Dramático de Ceuta: Manuel Merlo y Pedro A. Menlle. Sería injusto destacar a uno sobre otro, ya que ambos están excelentes lidiando con un texto que no les da respiro y en el que han depositado sus entrañas.

Mérito del autor y de los intérpretes, también a partes iguales, es el dinamismo que se consigue gracias a los medidos diálogos de una obra que está llena de palabra.

Los dos roles de la obra acaban como muchos otros personajes crepusculares lo hicieron antes en la literatura, el cine o el teatro aprisionados en un entorno que ha cambiado y que ya no entienden como antes.

¿Es el capitalismo inevitablemente origen de la degradación de los valores morales que supuestamente rigen en el mundo tras la caída del Imperio Romano? Como afirma el dicho: Matar es mi negocio... y los negocios son buenos. ¿Ustedes qué opinan?
 

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